Ala Quebrada...., un vencejo que casi se arrancó el ala contra el cable anclado muy cerca de la junta de dilatación donde dcidió anidar, desde entonces,día tras día lo esquiva para poder alimentar a su polluelo.

miércoles, 18 de febrero de 2009

UN DIA SERENO, UNA PEDALADA TRANQUILA.




Mía entra en la habitación, salta de una cama a otra y se asoma por la ventana, escucha las voces del jardinero que esta podando alguno de sus naranjos..., la perrita está excitada y Norton también, correetan y resbalan por dentro del chalé, hace unos minutos que acabode llegar con la Bicipalo y saben que ahora toca paseo, yo ya me he dado el mío, aunque esta madrugada he despertado algo confuso. Los pitidos del despertador me han sacado del sueño y durante unos instantes me he quedado desorientado, durante unos segundos..., después he caído en que era sábado y que tenia que pedalear con la Primigenia y me ha sorprendido eso, el que me hubiese olvidado, pero me he levantado y un rato después salía de Valencia con mi ranchera, descubría las luces del amanecer a eso de las siete y media de la mañana y sonreía pensando que ya amanece mas temprano, que las noches son mas cortas y que las tardes algo mas luminosas, que las nieves empezaban a fundirse fuera de la cueva y de que había sobrevivido a otro invierno, casi a otra glaciación...

Mia y Norton, como siempre me han recibido con saltos y lametones..., les he preparado algo de comida y he aprovechado para vestirme de biciclista..., como siempre, como todos los sábados, como cada milagroso despertar tras el sueño, tras ese momento en el que cerramos los ojos y nos abandonamos bajo las sabanas, a solas o junto a ella, la pareja sobre la que me gustaba apoyar una mano, en su cadera o en su muslo de ciclista. Una mano dejada caer..., recuerdos, divagando sobre la Primigenia, a solas, dando pedales a cero grados, viendo las escarchas y rodando sobre tierra hacia ellas, hacia las montañas, sin echar de menos a nadie y teniendo claro la ruta. Subiría por el Campillo, Font del Poll y a la derecha, al cruce de Revalsadores, después me dejaría caer hasta el desvío hacia el Sierro, después Oronet y por carretera hasta el Restaurante San Antonio, giro a la izquierda y remontando hasta el castillo de Serra. Después descenso hasta el pueblo y cuesta de las Carmelitas Descalzas. Llaneo y bajada por el barranco de Potrillos, Porta Coeli y de nuevo al chalé..., si no me despeño.

Siento el frío en la punta de los dedos, sobre todo el que sufrí un accidente de trabajo, me amputé media falange y desde entonces lo noto como raro, siempre tiene una temperatura distinta al resto de los dedos..., y hoy está casi como helado.

Pedaleo a solas..., esta frase es tan habitual..., pero es la realidad, aún así me siento bien, relajado, tranquilo, no tengo que luchar contra el viento ni me inquieta la amenaza de la lluvia. Trato de relajarme y mis piernas suben y bajan con el vaivén de las bielas, mi corazón bombea la sangre oxigenada que irriga mis músculos y respiro hondamente.

- Este parece un día sereno, radiante y.., de puta madre para disfrutar a solas.

Voy remontando el Campillo contemplando las montañas, viendo sus cimas iluminadas con los rayos de un sol que se eleva ardiente sobre un cielo despejado, sin una sola nube, sin brumas, sin nieblas..., y me encuentro con Parra y sus colegas, charlamos un rato y me confiesa que es incapaz de volver a coger la bici de carretera, le da miedo y se ha entregado a la montaña. El también salía con la Peña de Rocafort..., siempre que nos encontramos recuerdo que él también sufrió un infarto cerebral..., pero le miro y sonríe, es un tío cachondo y nadie diría que padeció ese episodio..., a veces le veo pedalear y reflexiono sobre la capacidad de las neuronas para reorganizarse, para abrir nuevos caminos y que mi amigo pudiera volver a caminar, a hablar, a pedalear...

Ya no me duelen los dedos y percibo mi cuerpo ya caliente, sigo gozando con las vistas, sigo ascendiendo sin fatigas, sin sofocos..., alcanzo el Collado de la Moreria y poco después la Font del Poll, no llego hasta ella, giro a derechas y cubro otras rampas, de nuevo las mismas vistas pero a una altitud aún superior..., me siento bien, tranquilo, receptivo..., no como hace una semana, cuando rodaba también a solas, pero casi abatido, con frío y bajo un sol que no terminaba de calentar, preocupado por la falta de trabajo y perturbado por los problemas familiares..., que siguen ahí y que seguirán..., yo me atrevería a decir que siempre..., pero ahora mismo me dan igual, me lo estoy pasando bien y noto que la serranía me acoge, me observa amaneciendo tranquila y silenciosa..., por eso vuelvo a sonreír y me levanto para dar las ultimas pedaladas antes de coronar el cruce de Revalsadores.

Echo una mirada a los desmontes, recuerdo fugazmente la conversación que tuve aquí con uno de los vigilantes del Parque Natural y prefiero olvidarla..., tantos ideales, tanta buena voluntad, tanto sacrificio para que al final sean los jodidos políticos los que terminan corrompiendo todo, incluso la misma existencia de estos montes.

Engrano el plato grande, me levanto y con unas pedaladas me dejo caer hacia la Font del Llentiscle, baja la temperatura a este lado del macizo de Revalsadores, la Primigenia se estremece con los baches, con las piedrecillas y toco los frenos, pierdo velocidad y desmonto ante la fuente. Lleno el botellín y doy unos tragos..., escucho como discurre por mi garganta y después el silencio, salvo el rumor lejano de un avión, de uno de esos reactores que llevan a la gente de un rincón a otro del planeta a más de 800 kilómetros por hora, surcando la atmósfera y dejan do un rastro blanco en el cielo, allí arriba. Vuelan y aterrizan en otros lugares, la gente baja y recorre esos países, después regresan, algunos mueren en los accidentes pero la mayoría volverá a volar, volverá a viajar, a echar miles de fotografías..., y seguirán desplazándose, acumulando visiones, experiencias, vivencias..., hasta las siguientes vacaciones para comenzar de nuevo esa carrera casi demencial hacia ninguna parte, huyendo de algo que realmente esta dentro de ellos y desde luego dentro de mi mismo..., poco a poco el rumor desaparece y escucho mi respiración, siento la calma y me siento raro. Yo no viajo ni me apetece viajar, viajo a pié o con la bici...,pero algún día viajaré por España, imagino que con la bici, me gustaría visitar nuestros desiertos, nuestros bosques húmedos, nuestras llanuras, nuestros glaciares, nuestros picos..., tomándome tiempo y sin necesidad de hacer cola ante las puertas de embarque, sin depender de pilotos, de controladores aéreos o de personal de tierra. Dependiendo de mis piernas, de mi corazón, del tiempo atmosférico, sin contaminar y mas o menos a unos 18 kilómetros por hora, algo muy lejos de esos 800 y cargando tan solo con un exiguo equipaje, con lo justo.

Un reguerillo de agua atraviesa la pista y resbala hacia el fondo de la ladera, algunos cristales de hielo navegan lentamente..., como si escapasen de un sol que se asoma tímidamente entre las ramas desnudas de los chopos, entre el pinar que puebla la montaña...,

y me apetece quedarme un ratito más aquí, unos segundos más percibiendo esta calma y preguntándome, sin demasiado interés por la respuesta ¿si es normal esta especie de alejamiento que siento hacia lo que se supone que es normal...?, como por ejemplo lo de hacer turismo en avión, lo de salir a cenar, lo de ir al cine, lo de comprar nerviosamente por navidades, lo de celebrar los cumpleaños..., son actos hechos tantas veces que para mi ya carecen de sentido..., sin embargo, esto que estoy contemplando lo encuentro enigmático, me atrae.

Encajo el botellín en el soporte y monto, doy unas pedaladas en pie para arrancar y vuelvo a ganar velocidad cuesta abajo. La pista es ancha, con algo de gravilla y algunas rocas asomando entre regueros poco profundos..., el chasis y mis antebrazos se estremecen con el golpeteo, escucho las turbulencias del viento en mis oídos y el gruñido continuo de las ruedas sobre la tierra. Voy trazando los virajes y vuelvo a frenar a la altura de la Font de la Prunera, tiro aún más de las manetas Avid y giro completamente a izquierdas, me salgo de la pista principal y el camino se estrecha y se cuartea, el pinar lo llena de sombras y sigo perdiendo altura, bajando a las mismas faldas del Sierro, rodando entre los bosques que rodean la conocida montaña..., cruzo un pequeño vado recubierto de hormigón y el carriles eleva con unos tonos amarillentos, subo piñones y suspiro sonriendo, me sereno y trato de disfrutar con la subida, de acompasar mi respiración, de aislar el movimiento de mis piernas, me sujeto a los acoples del manillar como dejado caer, inspirando y dejando escapar el aire..., una y otra vez, una y otra vez, tantas veces como pedaladas voy dando, como bombeos de mi corazón, como contracciones y extensiones de mis cuadriceps, de todos los músculos que tiran de esos pedales..., apenas un clic..., y la cadena sube otro piñón, un jadeo y encaro la rampa que conduce al desvío que trepa hasta el pico del Sierro...,pero me lo dejo a mi derecha y mientras recupero el aire voy dando unas cansinas pedaladas hasta que me asomo a la otra vertiente, la que mira hacia la Sierra de Espadan..., unas vistas hermosas, relajantes y también enigmáticas. Miro esos horizontes azules, veo algunos humos aplanados bajo la enorme presión atmosférica de un día sereno, de un ambiente primaveral y plácido en medio de un invierno revuelto y duro...,

y siento un extraño placer, me siento como un privilegiado, me gustaría compartir mis sentimientos de gozo y calma, los que me llenan en estos momentos, pero al tiempo me confunden, no se si es normal tener esas sensaciones y tampoco llego a saber lo que tengo que aprender de ellas..., estos momentos no pueden ser simples vivencias, simple estética, el premio tras un esfuerzo físico..., a veces pienso que es una especie de llamada hacia ella, hacia la Madre, hacia una forma de vida distinta, hacia un existir mas próximo a ella y a sus ritmos, hacia una velocidad vital mas lenta y sosegada...,pero no puedo quedarme aquí arriba, debo regresar..., como siempre, a pasear a mis perros, a despedirme de ellos, a ver la carita de Mía asomándose triste entre los cipreses de la valla. Viendo como me voy, Norton ni se asoma, andará buscando alguna solana en la que tumbarse..., y yo vuelvo a conducir hacia Valencia, veo a pelotones de ciclistas de carretera pedaleando bajo el sol, por la vía de servicio y compitiendo entre ellos. No busco a Pilar porque antes reenviado un mensajito y me ha contestado diciendo que estaba pedaleando por el camino de las canteras, también disfrutando del sol, de un día sereno.

Me ha gustado la pedalada de hoy, el amanecer y mis sensaciones, han sido algo mas de 45 kilómetros y unos 920 de altitud acumulada, han sido unas hermosas visiones y un agradable paseo con Norton y Mía, hoy no han corrido ningún conejo, pero bueno, la verdad es que no han dejado de correr y vuelvo a sonreír, parado en un semáforo y envuelto por un pelotón de “carreteros”..., al revivir las carreras de mi galgo cuando llego y les abro la puerta o cuando descubre un conejo atravesando el camino, a mas de teinta o cuarenta metros y corre tras el, corre, corre, corre..., hasta que reaparece saltando de entre las matas, entonces le cojo el largo morro y antes de que se zafe como diciendo “mariconadas ni una”,llego a oler el aroma de los tomillos y los romeros impregnando su trufa, su pelaje..., hasta que Mía me golpea en las rodillas con sus patas delanteras, ella también quiere mis mimos y mariconadas.

Sigo conduciendo, dejando atrás la serranía y perdiéndome en el bosque de hormigón, entre centenares de vehículos, viendo a desconocidos que esperan ante el paso de cebra y a otros que salen de Media Mark con sus bolsitas rojas, negras y blancas..., el autobús que tengo delante arranca y veo el a nuncio insertado en la tapa del motor, es de un restaurante de esos modernos, que ofrecen platos diminutos y ambiente guay..., curioso, yo siempre tengo comida en casa, o fruta...,pero los que aparecen en la foto sonríen como impregnados por la dicha eterna..., yo también sonrío, hoy lo he pasado bien, he gozado con esas vistas desde la falda del Sierro y después con su bajada, trazando las curvas cerradas, echando miradas fugaces a Espadán y contemplando en un tramito de umbría, las altas espigas de las gramíneas crecidas sobre un prado, sereno y agradable que se abre casi como un regalo a los ojos y a los sentidos..., después la bajada por carretera, sintiendo las miradas alucinadas de los ciclistas de carretera que remontaban el Oronet. Me miran por las pintas que llevo sobre la Bicipalo, vestido con un traje teñido por mi mismo, como cubierto de barro. Después he remontado hacia el castillo de Serra, ya otra vez por tierra, otra bajada y otra subida hacia el convento de las Carmelitas Descalzas..., una ruta en diente de sierra, más pedaladas y cuando encaraba el descenso por el barranco de Potrillos he tenido que frenar. Subía un grupo de senderistas y tras ellos un pelotoncillo de ciclistas que afrontaban la dura rampa al 21%..., les he dado animo y resulta que uno de ellos me ha reconocido por la voz, a los que hablamos por los codos nos pasa eso, nadie recuerda nuestra cara pero si nuestra cháchara..., y de nuevo en la urbe, mis perros se han quedado allí, las vivencias físicas por la serranía también, pero por lo menos en mi mente las puedo revivir, incluso puedo relatarlas, puedo escribirlas, por si a alguien interesa darse un paseo virtual por la Sierra Calderona..., los faros de la ranchera iluminan las paredes de hormigón del garaje, bajo al segundo sótano, maniobro entre los pilares y paro el motor, una leve sacudida y se hace el silencio aquí abajo..., ¿dónde están las montañas, donde esta el sol....?





2 comentarios:

Haruki dijo...

Buena ruta, leyéndote parece como si estuviera allí, acabo de ver las fotos de tu compañera de rutas, una bicipalo aunténtica.

Pedro. dijo...

Me acabas de alagar y te confieso que este relato iba para mas largo..., pero justo cuando iba a empezar a bajar del Sierro decidí aligerarlo un poco..., me acordé de tu comentario y pensé que mejor breve y ameno que largo y "rollero".
Gracias Haruki.