Ala Quebrada...., un vencejo que casi se arrancó el ala contra el cable anclado muy cerca de la junta de dilatación donde dcidió anidar, desde entonces,día tras día lo esquiva para poder alimentar a su polluelo.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

EL SONIDO DE DUNA. EL SUSURRO DEL BOSQUE, en "Diario de Homo"

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El sol de la tarde inunda la carpintería cuando abro los portalones y saco a Duna a la calle, doy el contacto, escucho el repiqueteo de la bomba eléctrica de gasolina y arranca a la primera con ese sonido ronco que me emocionó aquella tarde lluviosa, cuando sus pistones se incendiaron por primera vez después de estar casi dos años parada en el campo y medio cubierta por una lona que los vientos removían dejándola desnuda y a la intemperie.

Duna suena con un relentí muy bajo, suena tenuemente pero cadenciosa, como si soplase una y otra vez por sus escapes al mismo ritmo, sin arritmias ni toses, suena como si ronronease, redonda…, apenas si suena recién arrancada y dejándola calentar.

Me voy vistiendo con los vaqueros, con los botines de piel marrón, con la cazadora vaquera, con el casco vintage y con los guantes de color beige, como el color de ella, de Duna. Me coloco la bolsa de costado con la comida para Norton y Mia y después de cerrar la carpintería ruedo por mi calle en segunda, despacio, sin alborotar, como esperando que algún niño salga de entre los coches aparcados, pero ya no hay niños en la calle, ya no juegan al futbol ni a las chapas, tampoco a pillar, ya no se oye el griterío de la chiquillería en las tardes y en las noches del verano, tan solo el de los niños rumanos que viven junto a la carpintería y que andan descalzos y descarados, que rodean a Duna cuando me ven llegar y que me preguntan porque tengo una moto y una bicicleta.

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Dejo la calle tranquilo, relajado y con las botas posadas sobre los mandos avanzados con forma de espada morisca, salgo a la autovía y Duna empuja, voy sintiendo el roce del viento, la vibración del v-twin, el sonido del escape, las turbulencias alrededor del casco y me siento desnudo, como si formase parte del motor, de las ruedas, de la horquilla. Lo percibo todo, cada bache, cada grieta, cada olor que atraviesa la carretera, la propia atmósfera del planeta. No hay cinturón de seguridad ni parabrisas, no hay música ni comodidad, el móvil enmudece y el ingenio de dos ruedas parece mirarte y decirte,” ahora somos uno solo…”.

Poco a poco me voy alejando de la urbe, dejando la autovía y rodando por la carretera que me lleva hasta el chalé de mis padres y pese al ruido de Duna escucho a mis perros ladrar excitados. Paro frente a la puerta y la oscuridad regresa a los cilindros, regresa la calma y Mia salta de alegría hasta casi golpearme en la visera, me quito el casco y sonrío. Entre sus gimoteos percibo el silencio del campo y el susurro del viento entre los pinos.

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Me cambio de ropa y salimos a dar el paseo, recuerdo esas caminatas del verano, sus carreras detrás de los conejos y de algún que otro zorro, sonrío ante ese retazo, ante ese recuerdo y siento como sopla la brisa de levante, observo como mece las ramas de los pinos y como susurra en el silencio del monte, del campo, de la naturaleza. Ese sonido me relaja tanto, me llega tan hondo que llego a pensar que dicen cosas, que es el lenguaje de los pinos y de los algarrobos, de los naranjos.

Recuerdo ese murmurar desde la habitación de mi padre, desde su cama escuchaba el susurrar del eucalipto, del cedro, de la jacaranda…, de esos árboles que él mismo había plantado.

Recuerdo a mi padre mientras camino por la pista forestal tantas veces caminada y trato de ahondar en estos ocho últimos años que parecen haberse esfumado sin dejar huella…, una sensación que no termino de entender ni de asimilar.

Paseo y Norton y Mia corretean, la perra atraviesa las matas de coscojas y romeros buscando conejos, mete el morro, olisquea y suelta su ladrido nervioso al tiempo que el conejo arranca como un tiro, Norton lo ve, se agacha y acelera sacando esa vena de galgo, esos genes de lebrel mestizo. Sigo la carrera con los ojos, la escaramuza y el roedor se camufla entre unos enormes setos.

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Les doy una voz y continuamos caminando, atravesando algunos campos de naranjos, volviendo al bosque de pinos, sintiendo de nuevo esos cantos, esas voces que trae el viento desde la costa. Escucho deseando comprender lo que dicen pero solo alcanzo a sentirme bien, a gozar ese momento fugaz…, aunque sigo creyendo que hablan en el idioma de la naturaleza, en el idioma de la Tierra.

Sigo caminando y los perros descubren un charco en el barranquillo que estamos cruzando, beben y chapotean, jadean y ese viento sigue rozando las agujas del pinar, siguen murmurando en el lenguaje de las plantas y de los animales, oigo a las urracas, es voz ronca que suena en el campo como si contestase al viento, a su voz sutil y delicada.

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Regresamos y espero un rato a que se relajen, después les pongo su lata de carne y vuelvo a montar sobre Duna y cuando arranca su sonido me envuelve, asusta al murmullo del viento y me llena de pena, porque descubro que sigo sin entender ese idioma que tanto me relaja y que hago por escuchar, aquí en las Tierras Altas, cuando hago la siesta entre los perros, entre Norton y Mia, entre Cecil y Pepper…, como este verano, que dormí, amanecí, comí y cené con ellos durante todo el mes, sin mas ropa que un pantalón corto y unas sandalias y escuchando la charla comedida y susurrante entre el eucalipto, el cedro y la Jacaranda.

3 comentarios:

Tapestryworkerman dijo...

Hola Pedro.
Se nota que la gozas cosa mala encima del amoto, casi tanto como pisando tierra.
Yo también me encuentro entre los afortunados que pueden tomar contacto con la naturaleza pura y dura de vez en cuando, como también conozco la sensación del quemar gasolina, pero te gano a ruedas, con la de repuesto, monto sobre cinco, un V-8 de gasolina que trepa por las paredes sin pestañear y que me balda las vértebras de tanto cachibache y meneíto.
Un saludo.
P.D.: Yo también oigo a los pinos, chopos y sabinas y espero de cara el viento.

puk dijo...

Jo! que recuerdos has traído a mi mente...años felices y llenos de amor... Montaba yo de copiloto en una Kawasaqui, no me preguntes el modelo... solo se que aquí en España no se fabricó, era de dos tiempos y tenía tres tubos de escape... en 1ª hacía el caballito.
Tiempos de poder correr hasta que el cuenta km. reventaba y en que no era obligatorio el casco. En las curvas diplábamos hasta casi tocar el suelo.
Siempre añoré el tener que deshacernos de ella...pasamos a ser tres y se quedó en el garage, como las prioridades ya eran otras, decidimos venderla. Era una moto de colección y nos la quitaron de las manos. Después de 20 años, se acabó el amor, pero quedan los buenos recuerdos.
Yo me fuí de la gran urbe, hace 7 años que vivo en contacto con la naturaleza y volví a encontrar el amor.

bicipalo dijo...

Ay Tapestry, yo voy muy depacito con Duna y debo de confesar, Puk atiende a esto..., que monté en moto por primera vez hace casi dos años, el carné lo tengo unos ocho meses. Soy un novato que se asusta con la lluvia, que titubeo en las curvas..., y con 45 años me siento demasiado expuesto sobre dos ruedas..., pero eso, al tiempo me da unos momentos de placer que ahí quedan.
Puk, mucho duró ese amor pero ves, la vida no quedó ahí, cambio de rumbo, nueva vida y nuevo amor.
Yo no corro, como le he dicho a Tapestry y hace una semana, tumbado, me toco el talón en el asfalto, me di un susto de muerte, pero fué porque tengo los pies muy grandes y no me caben en los estribos, je, je, je..., y entonces llevo el talón muy abajo.
Un besico Puk y a Tapestry un abrazo.
P.D. Puk, ayer me encrgaron una banqueta torneada modelo Estepa de El kilo Americano..., hoy tornearé con haya.