
Rita Barberá ha instaurado un auténtico estado policial en los jardines del viejo cauce del río Turia. Las patrullas motorizadas de la policía local patrullan incesantemente a la caza de las personas como yo, que tienen perros y los llevan sueltos.
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Últimamente me siento como un delincuente, me siento absurdamente acosado y perseguido, me siento mezquinamente vigilado y casi ultrajado, siento mi libertad coartada desde la estupidez de los despachos municipales, desde la imbecilidad y poca verguenza de los mismos políticos que han endeudado esta comunidad, que han gastado ciegamente el dinero que producimos los ciudadanos y que ahora pretenden recuperar machacándonos a multas y a prohibiciones.
Rita Barberá y su poca vergüenza, Rita Barberá y sus paellas gigantes, Rita Barberá y sus Fallas para todos, Rita Barberá y su populismo chabacano e hipócrita ha convertido ese delicioso jardín del viejo cauce del río, en un lugar de prohibiciones, en una especie de patio de cárcel en el que próximamente cobraran por estar al sol invernal.
Las prohibiciones se anuncian en cartelones situados en los accesos al cauce y comparten espacio con otros gigantescos carteles en los que se publicitan las inversiones previstas en las mejoras de las rutas ciclistas.
Es curioso, triste y lamentable que ese proyecto de mejoras de las comunicaciones con bicicleta se halla hecho desde esos mismos despachos desde donde se pactan las prohibiciones y no desde el viejo cauce. Desde los despachos difícilmente se pisa la hierba, difícilmente se ven las verdaderas necesidades del ciudadano, por eso han partido con un carril bici una preciosa pradera en la que los niños correteaban o jugaban a la pelota con sus padres, algo también prohibido, NO SE PUEDE JUGAR A LA PELOTA EN LOS JARDINES DEL VIEJO CAUCE. Curiosamente ese carril bici que parte la pradera pasa pegadito a dos parques de juegos infantiles en el que los niños juegan y ríen, se excitan y se distraen, van de aquí para allá llenos de energía y vitalidad…, quizás por eso mismo han colocado el carril bici pegado al parque de juegos.
Cuando veo esas barbaridades caigo en la cuenta de que nos gobierna una generación de políticos repugnantes, incapaces, necios, usureros, repulsivos, de la peor calaña. Gentuza que gobierna desde los despachos y que en ningún momento baja a la arena y ve la realidad de una sociedad desangrada por su egoísmo sin limites. Tengo claro que estos políticos son unos descastados, calaña de la peor ralea, tipejos y tipejas obsesionados con las comisiones y el lucro, con el enriquecimiento, con las ansias de poder, sin ideales elevados y sinceros. No obstante, mi desánimo aumenta cuando vuelvo los ojos hacia la oposición y veo a unos voceras que no anhelan solucionar problemas o escuchar al pueblo, si no quitarles del poder para ponerse ellos a la voz de.
- ¡¡Ahora nos toca a nosotros...!!
Rita Barberá y sus palmeros ha conseguido convertir estos plácidos jardines en una especie de coto de caza en el que sus policías buscan el dinero de los que paseamos por el y en el que contemplamos, todas las mañanas, como los indigentes despiertan envueltos en el frío y en la humedad de un fantasmagórico río Turia, que aún parece correr entre los altos pretiles que no pudieron contener las aguas de la riada del 57, lastima que esa riada no reapareciese para barrer a esos políticos de sus poltronas, de sus escaños, de nuestra vida, de esta tierra prostituida y exprimida por la imbecilidad y ruindad de quienes dicen gobernar para el pueblo valenciano.
Esos indigentes se lavan en sus fuentes y con paso lento y triste suben desde el viejo cauce a la urbe, a esa ciudad que Rita Barberá ha convertido en la ciudad de los fastos y de los eventos, una ciudad en la que vuelan los Formula 1 y en la que se juega al tenis o se trota a caballo mientras en los polígonos, las empresas se mueren sin atención ni ayudas, en silencio, vendiendo o cerrando sus naves…, mientras Rita ríe y sus concejales aplauden estúpidamente, pero eso si, con los bolsillos llenos.
Paseo a menudo por estos parques, me gusta contemplar el césped, sus umbrias, los chopos, los bosques de algarrobos, me gusta observar a los mirlos y en verano los vuelos rasantes de las golondrinas, el paso lento de las abubillas picoteando entre las hierbas.
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Paseo y siento que estoy pisando la tierra que el río Turia fue depositando durante miles de años, avenida tras avenida, otoño tras otoño. Una tierra fértil y un río de aguas cristalinas en el que se pescaban anguilas o barbos, del que se extraía grava o del que cosechaban las cañas de sus riberas. Tierra llena de vida, de la vida que traía el río…, algo natural y que consiguió aliviarme durante la agonía de mi padre o cuando deambulo tratando de evadirme de la crisis que me ha arruinado…, hasta que aparecen los policía de Rita Barberá…, que realmente no hacen mas que cumplir las ordenes impartidas con esa voz rasgada y desagradable de la alcaldesa.
Los jardines del viejo cauce del Turia son un paraiso surgido sobre la tierra que el rio fué recogiendo y depositando, durante su curso, durante su descenso desde las serranías..., ningún politico, nadie, ningun especulador, nadie que no sienta algo en su interior puede llenar de prohibiciones un lugar fantástico, un islote de naturaleza en medio de una ciudad vendida al hormigón.