Ala Quebrada...., un vencejo que casi se arrancó el ala contra el cable anclado muy cerca de la junta de dilatación donde dcidió anidar, desde entonces,día tras día lo esquiva para poder alimentar a su polluelo.

domingo, 5 de julio de 2009

PEDALEANDO JUNTO A PILAR, TAMBIÉN LLAMADA JOA.(1ª PARTE)






- Cumbre... -murmura Joa, la maestra de literatura..., dando las últimas pedaladas, coronando el punto geodésico del Pico del Águila, a más 850 metros de altitud y dejando atrás unas rampas con desniveles de entre el 16 y el 20%.

Echa pié a tierra, desencaja las calas y coje uno de sus dos botellines, apenas si jadea, entreabre sus finos labios y echa unos tragos de agua mirando hacia la Sierra de Espadan, hacia el pico del Penyagolosa, que se alza brumoso, algo turbio, pese al viento del norte que sopla con fuerza.

- Anda Pili..., ven aquí detrás que nos vamos a enfriar.

Nos sentamos al socaire de una pequeña caseta de madera y observamos esos horizontes, vemos la antigua Segobriga, allí, en la comarcad el Alto Palencia y tras ellas, la abrupta cadena azulada de Espadan.

- Míralas, mis montañas..., si, Pedro..., si que es el Penyagolosa -murmura Joa, imagino que recordando los más de 60 kilómetros que cubrió corriendo y caminando, durante la “Marató i Mitja del Penyagolosa”


- Yo no lo tenía claro..., es curioso, acabas de pegarte este subidón y simplemente has dicho “cumbre”..., si fuese con mis colegas mas de uno habría tirado la bici y se habría cagado en todo.

Joa sonríe y vuelve a beber, el viento mueve los cabellos rebeldes que han escapado al trenzado de sus coletas y el sol se derrama contra sus piernas, sobre sus rodillas..., quizás las mire demasiado, aparto los ojos de ellas y vuelvo a mirar hacia el mar de nubes que avanzan empujadas por el viento, llenan de manchas oscuras los horizontes que contemplamos y de pequeños cambios térmicos cuando se interponen entre nosotros y el sol.

Oímos claramente las voces de dos senderistas, al poco asoman escalando sobre la lechada de hormigón rosáceo y nos saludamos, me acerco a Joa y le confieso susurrando.

- Cuando estábamos subiendo los he oído y por unos momentos me ha horrorizado la idea de que me cogieran.

- No hombre no, que tu subes muy bien.

- Pues tu no te quedas atrás..., bueno, ¿hace ese cortadito en Gatova...?.

- Claro.


Nos levantamos, Joa se cubre con un chubasquero, para no enfriarse con el descenso, da otro trago, montamos y damos unas pedaladas, Joa gira la cabeza y vuelve a mirar hacia Espadan...,

... hasta que nos dejamos caer sobre la lechada de hormigón, unas vueltas mas de las bielas y el viento de norte nos empuja de costado, sopla con fuerza y nos tenemos que inclinar sobre las propias rachas para no salirnos de la estrecha trazada de cemento.

- ¡¡¡Uahhhh, no hay nada tan eufórico como una bajada en bicicleta...¡¡¡ -vocea Joa a mi espalda, imagino que apartando la mirada de esas montañas, de esas cumbres tan queridas por la maestra de literatura.

Y tiene sus motivos para contemplarlas con cierta nostalgia, vivió cerca de ellas y ha recorrido gran parte de sus senderos y pistas. Hace un rato las señalaba y me nombraba algunas de sus cotas..., durante unos instantes me he sentido ignorante y me han vuelto a invadir esos curiosos miedos ante las expectativas que ella haya podido poner sobre mi y sobre lo que yo puedo mostrarle o descubrirle de la Calderona..., realmente poca cosa, sobretodo porque tiene un fiel amigo, colocado en el manillar de Camino, su bici, que la lleva a todos los rincones de esta sierra o de cualquier otra..., su inseparable GPS, con él conectado a sus tres o cuatro satélites, Joa es libre como un vencejo y no necesita de tipos como yo para que la lleven por estas pistas o para que traten de sorprenderla con alguna ruta que ella no halla hecho en solitario o con la Peña Btt de Moncada.

Esta mañana, a eso de las ocho, le he echado una mirada nada más aparecer por el aparcamiento de Porta Coeli.

- Bon día...-he saludado, quitándome el casco para poderle dar dos besos en las mejillas.

- Holaaa..., -sonríe Joa, acercándose. Mis ojos se van hacia sus coletas, hacia sus piernas, hacia la rodillera azul que cubre su articulación derecha..., y de nuevo hacia su rostro, después lo percibo contra mis labios y nos damos dos besos en las mejillas.

- Vaya..., ya estas lista..., y no se te ha olvidado el GPS -observo mirando hacia el artilugio instalado sobre Camino, su bici, apoyada contra el Focus ranchera de color azul metalizado..., su color preferido.

Cierra su coche con el mando a distancia y la guardada en una bolsa de plástico que asegura sobre el transportín con una goma, le da varias vueltas, se ajusta el barboquejo del casco y me mira.

- Cuando quieras.

- Entonces ya mismo..., ah mira, mi amigo Martín ya me ha montado los Q-Rings, bueno, los platos ovalados de los que te hablé.

Desmonto, me acuclillo frente a mis bielas y las muevo con la mano para que Joa pueda ver la forma apepinada de los platos.

- Uy..., pues si que son ovalados, que sensación más rara..., me dijiste que eran para reducir las molestias en las rodillas ¿no...?.

- Si..., el principio es que cuando tienes las rodillas plegada cuesta mucho hacer fuerza, de hecho es el momento en el que mas se deteriora el cartílago..., pues la teoría es que con estos platos el desarrollo se suaviza justo en ese momento que tienes la pierna encogida, te facilita ese primer empuje y luego poco a poco vuelve al desarrollo normal cuando ya la tienes a media extensión, se supone que es el momento en el que menos sufre la musculatura y la articulación... y vuelta a empezar. La verdad es que estuve ojeando el foro de ciclismo y había gente que hablaba muy de ellos, me acuerdo de uno que decía que quería hacer la “Quebrantahuesos”, pero que el dolor de rodillas se lo iba a impedir, decía que fue ponerse los Q-Rings de Rotor y poder hacerla..., la verdad es que ese testimonio me impresionó.

- Bueno..., pues ya me dirás como van, que eso me interesa -comenta Joa, ajustándose la “prótesis”, así llama ella a la rodillera que protege su articulación derecha, compañera inseparable de sus pedaladas, de sus caminatas, de sus competiciones en carreras de montaña, de sus senderos y de sus escaladas hasta cotas de mas 6000 metros de altitud.

Echo una ultima mirada al aparcamiento, veo algunos coches, no demasiados y a los ciclistas descargando las bicis de los maleteros, escucho algunos saludos y veo que llegan otros dos turismos, levantan una pequeña nube de polvo que una ráfaga de viento envía hacia la carretera.

- Vamonos, Pili.

Vuelvo a montar, encajo las calas y damos las primeras pedaladas, en ligera subida, el aparcamiento queda a nuestras espaldas y sentimos de nuevo ese viento soplando algo fresco.

- Este es el mismo viento de ayer -murmura Joa.

- Bueno..., espero que nos de tiempo antes de que se caliente..., ayer por la tarde hacia bastante calor.

- Si... ¿y que ruta me tienes preparada...?, ¿a ver esa sorpresa...?.

Pedaleamos juntos, me vuelvo hacia ella y observo el leve balanceo de sus graciosas coletas, su perfil de rasgos afilados, el vaivén de sus esbeltas piernas.

- Bueno, subiremos por la Vigueta hacia...

- Oh no... -se queja Joa- otra vez la Vigueta...

- Si quieres subimos por el Campillo, aún estamos a tiempo...

- No, no..., por donde tu digas.

- Bueno, pues subiremos hasta Tristan y después por un camino que sube hacia el Pico del Águila, creo que desde allí se ve el Penyagolosa..., espero que tu me lo confirmes...

Joa sonríe y escucho como cambia de marcha, el camino va subiendo hasta alcanzar el desvío hacia el Campillo, continuamos al frente, en bajada y vamos rodando, sorteando los agujeros abiertos en el carril y trazando los virajes.

Después de otro pequeño repecho dejamos la pista que sube hasta la Font de L´abella, también a derechas, viramos a izquierdas, una bajadita y otro giro a derechas. La pista empieza a elevarse, a remontar hacia el Portixol, subo un par de piñones y oigo como Joa “mete” el plato pequeño, aumenta su cadencia de pedaleo y yo resoplo, me relajo y me apoyo en los acoples del manillar.

- A esta subida..., mis sobrinos y yo..., la bautizamos... -empiezo a contarle a Joa entre jadeos- como la Prueba del Hombre...

- ¿Por qué...?

- Pues porque una vez..., vino un colega..., que no hace bici..., es ejecutivo..., y de piel blanquecina... -bromeo.

La pista sigue ascendiendo, ganando altura..., veo mis rodillas subir y bajar y a los platos Q-Rings oscilar con esa curiosa forma ovoide, tirando de la cadena y de los piñones.

- Cuando coronamos..., uno de los amigos de...., mis sobrinos....,me dijo..., el hombre sube andando...

Joa suelta una risa entrecortada, me giro hacia ella y la veo algo distanciada.

- No te preocupes..., por mí..., sigue a tu ritmo...

Sonrío y vuelvo la vista al frente, respiro profundamente y sigo dando pedaladas, remontando y girando a derechas, rodando entre las paredes de la montaña, manchadas del polvo blanquecino del carril, también algo amarilleadas o con vetas rojizas veladas por el mismo polvo, a la sombra y sin dejar de ascender, veo el sol asomándose al final del estrecho camino y con unas vueltas más del plato de 34 dientes corono jadeando ligeramente, el camino recupera su color rojizo y observo los farallones que se alzan recogiendo el vallecillo. Echo pié a tierra, saco la cámara y veo por el objetivo a Joa, apenas si le he sacado un poco de ventaja.


- Andaaa, ya empezamos..., con las fotos... -bromea Pilar.

Para a mi lado y observo que apenas si jadea, medio sonríe y da varios tragos de agua, encaja el botellín y me mira.

- Hala, vamos a seguir..., que tú subes muy deprisa.
- Pues tampoco te he sacado tanto.
Ella cabecea, traba el pedal en la cala y empuja con su rodilla envuelta con la “prótesis” azul, salgo tras ella y nos alivia el suave descenso sobre el camino de color rojizo, como el rodeno que aflora por toda la serranía.
Poco a poco vamos rodando hacia esas paredes en las que ya incide el sol, pero van quedando a nuestra izquierda, nosotros buscamos el paso tortuoso y a la sombra entre las montañas, el camino que se revira y vuelve a subir, que va atravesando la serranía, que nos conduce a través de ella.
Dejamos las últimas casitas, la pista forestal se estrecha, se va rompiendo y las aristas de los estratos de rodeno emergen en ella, las suspensiones oscilan y subo un piñón, escucho después como cruje el cambio de Joa.
Las ramas espinosas de las zarzas se vencen sobre el camino, escucho el rumor del riachuelo estacional de la Gota a mi izquierda, bajando por el lecho repleto de cantos redondeados de ese mismo rodeno y observo a mi derecha la vegetación espesa y aún verde que crece a la sombra de los macizos de piedra, cubierta de musgos, de enredaderas, de arbustos y con uno de sus estratos colonizado por unas matas de helechos, que busco con la mirada pero que no logro encontrar.
Aflojo un poco la pedalada y señalo hacia la umbría.
- Ahí crecen unas matas de helecho..., las descubrió mi hermana Mónica, como ella va mas despacio en bici le da tiempo a ver cosas..., bueno, el caso es que ni ahora los puedo ver..., en invierno si que los localizo enseguida.
Joa llega y mira hacia esa pared cubierta de vegetación.
- Donde hay un poco de humedad constante la vida crece...,¿eh?
- Pues si..., a la mínima oportunidad.
Volvemos a pedalear, a ir remontando, subiendo, en solitario, sin ver a ningún ciclista..., aún a la sombra del cañón, pero virando poco a poco a derechas hasta que el sol se cuela entre un estrecho y mitiga el color rojizo de la pista, ilumina esas pequeñas aristas de piedra y lanza sombras o destellos sobre el dorso de las hojas caídas de una carrasca, las hace brillar sobre la pista antes de que pierdan toda su humedad..., llego a ese estrecho por que suele caer agua y giro a izquierdas, hacia su cauce que corta en V el camino, cambio de marchas, cruje el mando giratorio y encaro la rampa inclinándome hacia delante..., la pista se alza y resoplo, me relajo y muevo los novedosos Q-Rings ovalados con cadencia..., escucho otra vez a Joa cambiar de marchas y sigo dando pedales, ganando metros al repecho, ganando altura y llegando hasta el cruce con la respiración algo a acelerada, bajo un piñón y hago girar la bici, echo pie a tierra y observo a Joa pedaleando sin desfallecer, con el 22 engranado y casi sonriendo.
- ¡Mas fotos...¡ -exclama cuando me ve apuntándole con la cámara.
- Ya te dije que tenía fijación por tus piernas.
Y vuelvo a disparar con ella encima, a punto de parar.












- Hala, hala, halaaaa.... -y echa pie a tierra con un leve jadeo, con las coletas cayendo sobe su pecho- anda, trae que te haga una.

- Bueno, pues espera que baje y que coja carrerilla.
Joa me observa dar la vuelta, me dejo caer unos metros sobre la rampa que acabo de salvar, giro completamente sobre la misma pista y vuelvo a remontar, a sonreír, a mirar hacia mi compañera de pedalada. Ella me apunta con la cámara, sujetándola con una sola mano y escucho el disparador virtual.


- Venga... ¿continuamos...?. -sugiero guardando la cámara en el bolsillo de maillot.

Ella sonríe y afirma con la cabeza, calamos las zapatillas sobre los pedales y volvemos a rodar. El camino va girando a izquierdas, se abre un banco de arena en la misma curva, los neumáticos se hunden en él y una veta de arenisca blanca surge de las entrañas de la sierra Calderona, la pista vuelve a levantarse, a elevarse ante las ruedas..., subo un piñón, vuelvo a inclinarme un poco hacia delante y busco un tramo de tierra endurecida que queda a la izquierda, asomándome a la ladera que cae cubierta de aliagas y coscojas, de jóvenes pinos..., y que se desploma hacia las pozas que surgen en el barranco. Vuelvo a distinguir el agua estancada ahí abajo, siempre la miro guante unos segundos, como tratando de recordar que “ahí hay agua...”, como si en algún momento de mi vida me viese perdido por estos montes y necesitara de esa agua vital..., y Joa se va quedando atrás, giro la cabeza y la veo remontando sin quejarse, siguiendo el rastro de mis Michelín Dry2.
Sonrió y sigo moviendo los platos Rotor ovalados, lo observo durante unos momentos y veo la tierra y las piedras, el polvo y los charcos resecos que pasan bajo la cada del pedalier..., vuelvo la vista al frente y encaro otro repechón que se levanta entre algunas casitas..., clac, subo otra corona y la cadena empieza a tirar del piñón de 34 dientes, aumenta el numero de pedaladas y asciendo entre rocas, entre aristas de rodeno que emergen en la pista..., corono y aflojo un poco, espero a Joa y al poco me alcanza.
- Oye..., con que facilidad subes..., yo tropiezo con todas las piedras.
Sonrío y la miro.
- Bueno..., es que subo tantas veces..., que al final, casi sabes donde están esas piedras y las esquivas, también sabes con que piñón empezar y todo eso ayuda.
- Bien..., ya lo iré aprendiendo.
- Mira que eres modosita..., ¿qué le voy a enseñar yo a una mujer que ha subido al Chimborazo y al Monte Kenia, que se va sola por esas serranías de Dios con ese GPS que llevas en el manillar...?, yo, que no salgo de la Calderona.
- Ay..., otra subida..., hasta luego..., hala, tira, tira...
Meneo la cabeza y otra vez el camino vuelve a ascender..., la pista de la Vigueta es así, rampa tras rampa, leves llaneos, breves descansos para recuperar el resuello y otro repecho..., vuelvo a mover la pelvis hacia la punta del sillín, resoplo y noto como la pendiente retiene la pedalada, como mis cuadriceps tienen que presionar mas sobre el pedal, como mis músculos cardiacos se contraen y se expanden mas rápidamente, como voy jadeando..., y mirando por donde colocar la rueda delantera, veo esas esquinas de rodeno que surgen ocupando el centro del carril, me ladeo un poco, pero me desequilibro y no tengo mas remedio que pasar por encima, empujo con fuerza las bielas y los neumáticos trepan sobre la roca..., sigo pedaleando y percibo el vaivén de la rueda trasera salvando el escollo..., vuelvo a resoplar y sigo pedaleando, remontando como si pedalease a solas. No escucho la espiración de Joa, tampoco ninguna queja..., no vuelvo la cabeza pero se que ella sigue ahí, tenaz y silenciosa..., no paro a esperarla y miro al frente, bajo un piñón y observo el tajo del pequeño barranco que desciende desde el refugio de Tristan y La Mina, en las faldas del Gorgó. Veo ese monte bajo aún lleno de color, el blanco de las pequeñas margaritas de la estepa negra, el verde azufrado de las aliagas, el verde de las coscojas, los perfiles de unas montañas sin apenas pinar pero cubiertas de vegetación espinosa y abundante, espesa..., sin apenas contrastes de color, sin cromatismos vivaces..., tonos como difuminados, apagados..., pero desde luego mas vivos que durante el invierno, cuando remontaba por este mismo carril, cuando cubría las mismas rutas en solitario, en silencio, con el rodeno de la pista húmedo y con las huellas de los jabalíes impresas en él..., y llega una ráfaga de viento, noto como me frena y desaparece, miro hacia arriba, veo un cielo que poco se va cubriendo de nubes pequeñas y a mi derecha un inmensa pared de rodeno, como elevada capa a capa, cubierta de líquenes y que proyecta su sombra sobre el barranco..., dejo de pedalear, la observo y saco la cámara.
Miro hacia la pista y observo a Joa a través del objetivo, la tengo un rato enfocada y disparo.
Ella mueve la cabeza y hace oscilar sus trenzas, para junto a mí y echa un trago de agua.
- Estás muy fuerte chico...
Sonrío halagado y señalo con la barbilla hacia el peñasco.
- ¿Te puedes creer que paso por aquí bastantes veces al año y nunca me había fijado en esa pared...?, si me aguantas la Bicipalo le hago una foto.


Joa sonríe y se hace a un lado, sujeta a la Primigenia y oprimo el disparador, ladeo un poco la cabeza y la enfoco otra vez, pero de cintura para abajo.

- ¡Ehhh...! -se queja mi amiga, pero ya he hecho la foto.
- Es que tengo fijación por tus piernas..., y antes de que reacciones devuélveme mi bici que me marcho cuesta arriba -bromeo.

- Venga, dame la camara que ahora te hago yo una...

Le dejo la Canon, me retraso y poco y Joa me fotografia sujetando la maquinita con una sola mano.


Me mira, sonríe y volvemos a montar..., a pedalear, poco a poco Joa se va retrasando y yo voy remontando..., no me preocupa que pedalee sola, bueno realmente no nos distanciamos demasiado y se que ella no necesita de ningún chico que la tutele cuando rueda por la sierra, no necesita de mis ánimos. Joa a escalado el Monte Kenia, a mas de 4000 metros de altitud también el Chimborazo, a mas de 6000 metros de altitud, a dormido sola cientos de veces en el monte y entre semana suele salir a solas con su GPS, menos los jueves, que sale con un grupo de corredores de montaña llamados “misjueves”, recorre la Calderona a zancadas con ellos, sonriendo. balanceando sus coletas..., descubriendo sendas, caminos y vericuetos, rincones hermosos..., y de nuevo la arenisca blancuzca surge entre piedras, entre placas de rodeno o entre rocas desprendidas del mismo subsuelo, arrancadas con las avenidas, con las lluvias torrenciales encajonadas y bajando salvajes por esta garganta varias veces cada mil años..., mucho mas tiempo del que viviremos Joa y yo, los arbustos que contemplo, los pajarillos que a veces cruzan la pista..., tan solo ellas, las montañas permanecerán...., giro a izquierdas, ahora a derechas y echo una mirada rápida a la pista repleta de estratos asomando, de aristas, de puntas, de lajas..., acelero, cojo el lado izquierdo, trepo dando pedales sin cesar y me desvió a la derecha, las suspensiones empiezan a hundirse y a extenderse, noto con los neumáticos se traban en las piedras encajadas en el camino..., me paso a la de derecha, rozando los arbustos y las ramas de los pinos, sigo pedaleando y vuelvo a cambiarme a la izquierda, expulso una bocanada de aire, sigo remontando y echo la mirada por delante, veo el roquedo aflorando por todo el carril y recuerdo que en invierno suele descender un reguerillo de agua que destella, que brilla cuando hacemos esta ruta, pero en descenso..., doy unas pedaladas mas y paro, miro hacia la curva y veo a Joa vacilar entre las piedras, pierde empuje y la serranía traba sus ruedas..., sacude sus trenzas y tiene que apoyarse. Desmonta, empuja un poco a Camino, la atraviesa, vuelve a montar, arranca y sigue remontando, me ve y sonríe.

- Que pocas veces consigo..., salir bien de esa curva..., pero tu lo haces fácil... -me halaga otra vez, pero sin parar y encarando otra rampa.


- Bueno..., a veces también echo pie a tierra..., igual me distraigo, no hago la trazada buena y hala, te quedas encallado.

Vuelvo a montar, suenan los chasquidos de las calas y continuamos remontando..., la alcanzo, poco a poco voy ganando metros a Joa y de nuevo pedaleo a solas. Dejo atrás ese tramo repleto pedregoso y el camino llaneo unas decenas de metros, el sol ya asoma por encima de las montañas que se alzan a los lados del barranco y siento sus rayos en mi espalda, pero el viento es fresco y a veces sopla súbitamente, irrumpe bajando por las laderas y levanta nubecillas de polvo que enseguida se dispersan.

Cruzo por el tajo que un riachuelo seco ha ido perforando en la pista con las lluvias y la pista gira a izquierdas, en ascenso, sigue girando y me deja mirar hacia la izquierda, puedo ver todo el carril que hemos seguido y a la silueta de Joa sobre Camino, a las montañas que se levantaban, a esos peñascos de rodeno en los que nunca había reparado y noto como las primeras gotas de sudor resbalan por mi frente..., trato de relajarme, enderezo un poco los lumbares y sigo pedaleando cuesta arriba, trazando lentamente las curvas y viendo por delante como el trazado de la pista gira a derechas y sigue trepando por la ladera de la montaña, en un giro cerrado y repleto de surcos y roderas..., las que ya tengo frente a mi, me abro a izquierdas, cargo el peso sobre el manillar, pero sin llegar a levantarme y sigo ascendiendo, trazando el viraje y viendo la tierra apelmazada bajo los tacos de la Michelín, de un color extraño, ni blanco ni rojizo, otra veta que surge del interior de la Calderona..., me hago a un lado, saco un pié, también la cámara y tengo el tiempo justo de enfocarla.
- ¡Ábrete y cuidado con las roderas....! -le advierto mientras le hago la foto.


Encara el fuerte repecho, salva con gracia las grietas que cortan la curva y sigue hacia arriba. Arranco tras ella, observo cu cuerpecito agalgado y su pedaleo rápido moviendo el plato de 22 dientes y durante un rato voy tras ella, mirándola y viendo también las florecillas amarillas de la manzanilla, iluminan los bordes del camino y me hacen sonreír, distingo tambien una mata de rabo de gato..., creo que en infusión tiene propiedades antiinflamatorias.


Ya vemos como llega la pista, por nuestra derecha desde la Font del Poll, ya casi hemos coronado, distinguimos los abetales de Tristan y las parcelas de pinos reforestado, pasamos sobre el lecho seco del charco que durante todo el invierno ha estado inundado y la sombra nos cobija ya en el cruce de caminos, paramos y me quedo observando una de las matas de manzanilla.

- Pues le voy a hacer una foto...


- Venga..., tu sigue con tu reportaje -me anima Joa bajándose también de la bici.

Un par de insectos se mueven sobre las flores, trato de enfocar muy de cerca, pero no se si saldrá bien, la fotografía no es mi fuerte..., oprimo un par de veces el disparador y noto a Joa cerca de mi..., el olor, el calor que desprende su cuerpo, su respiración...
- Y esto es hipérico..., bueno, hipérico perforatun... -me explica rozando con sus dedos otra flor amarilla, de estrechos y alargados pétalos perforados.
- ¿Eso es hipérico...?.
- Si, si..., no soy una especialista, pero si que es hipérico.
Observo durante unos segundos la humilde planta y vuelvo a sentirme sorprendido.
- Se supone que es antidepresivo... -murmuro.


Y recuerdo aquel paseo con Patricia, por los alrededores del chalé, sentí la misma sorpresa que en estos momentos cuando mi amiga identificó una mata espinosa como “espino blanco”..., una planta de excelentes cualidades cardiotónicas..., y estaba allí mismo, igual que ahora, rodeado de plantas, de matojos de aspecto duro y correoso pero medicinales, igual que estas manzanillas, que el hipérico, con estos mismos pinos que nos dan la sombra. Las abejas utilizan sus resinas para procesar sustancias, como el propolis que utilizan para proteger sus colmenas del ataque de hongos y virus, yo también lo he consumido este invierno en forma de jarabe y me ha funcionado, bueno, junto a unas generosas dosis de equinacea, otra planta milagrosa..., y es curioso, siempre han sido ellas, las mujeres quienes me han descubierto esas plantas que nuestros ancestros utilizaron para curarse las heridas, las enfermedades..., desde hace miles de años, mientras los hombres cazaban ellas recolectaban alimentos vegetales o cazaban pequeños mamíferos como conejos o ratones de campo, recolectaban plantas, musgos, líquenes, brotes. En algún momento de nuestra prehistoria ellas descubrieron la relación entre aquel ungüento, entre aquella bebida caliente, entre aquel caldo de hojas y la sanación de ellas mismas, de sus hijos, de sus parejas...

- Hipérico... -vuelvo a murmurar- es increíble..., todo esta aquí o allí...-susurro señalando hacia los picos azulados y escarpados de la Sierra de Espadan, entre las ramas bajas y los troncos del pinar que cubre los alrededores del refugio de Tristan y La Mina- y no en las farmacias..., bueno y ahora toca bajar.
- ¡Bien...! -ríe Joa, cubriéndose con su cortavientos y revisando las gomas elásticas que aseguran su bolsita al transportin de Camino- es que voy empapada.
Volvemos a montar y bajo la sombra de las coníferas vamos salvando el ultimo repecho que sube hasta los mismos muros del refugio, lo dejamos a nuestra izquierda y nos asomamos a la otra cara del valle, de nuevo Espadan surge recortándose contra un cielo que sigue cubriendose de nubecillas desgarradas y empujadas por el mismo viento que nos recibe en el alto. Siento un escalofrio y miro a Joa.
- Venga..., a bajar.
Ella sonríe, vuelvo la vista hacia el camino, doy unas pedaladas, cambio al plato de 44 dientes y las bielas comienzan a girar cada vez con más facilidad..., hasta que dejo de pedalear y las ruedas se lanzan cuesta abajo girando sobre sus cojinetes frenéticamente, el viento se roza contra mi rostro, mis antebrazos vibran con los baches y me sujeto, como siempre al sillín con los muslos, repartiendo el peso entre los dos neumáticos. Los remolinos de aire zumban en mis oídos y la Bicipalo se estremece cuando atravieso el surco, cuando rebota contra las piedras y las suspensiones absorben parte del impacto..., veo ya la bifurcación y voy frenando, mis dedos índices presionan sobre las manetas de magnesio y las zapatas se cierran contra los flancos, los horquilla delantera se hunde y pierdo velocidad hasta parar, desencajo una cala y giro la cabeza. Veo a Joa bajando y tras ella a un Ford Focus C-Max azul marino siguiéndola.
Me alcanza y para a mi lado, el monovolumen llega tras ella, aminora y el conductor nos saluda con la mano.
- Bon día... -contesto y miro a Joa- desde aquí, la vista de la Jabonera es acojonante ¿eh..?.
Miramos hacia la pista que sale a nuestra izquierda, se ondula entre los fragmentados bosquetes de alcornoque que nos rodean y empieza a remontar, desaparece entre las copas del pinar y en el ultimo tramo se vuelve a hacer visible, pero distorsionada como por la calima y elevándose hacia la cima, como si ascendiera casi en vertical.
Joa vuelve a beber y mira hacia la cuesta.
-La primera vez que vine fue con la peña de Moncada y me dio miedo..., pero luego no es tanto.
- El tramo final es algo cansino..., hala, a seguir bajando..., ahora ten cuidado que el camino esta un poco suelto, hay bastante gravilla.
- Bien.
Empujo el pedal con apenas unas vueltas de las bielas ya voy acelerando, vuelvo a levantarme y la Bicipalo se lanza perdiendo altura y dejando el sol al otro lado de la montaña que crece a nuestra derecha, se eleva cubierta de monte bajo y la pista se desploma grisácea y repleta de bancos de piedra suelta, los tacos de las Michelín parecen flotar sobre las piedrecillas y freno en la curva, trazo y vuelvo a pedalear. Descubro la silueta del C-Max unos metros por delante, percibo el olor de la tierra entrando por mi nariz..., sigo bajando y casi echándome encima de su portón trasero. Es una imagen muda, no escucho su motor, solo los crujidos de la Primigenia, el golpeteo de la cadena contra la vaina, las turbulencias en las orejas..., destellan sus pilotos de freno y se hace a un lado, para y me deja paso. Freno un poco y paso entre él y la ladera que cae a mi izquierda, le rebaso y levanto la mano agradeciendo el gesto..., unas pedaladas mas y vuelven las vibraciones, la velocidad, el murmullo intenso, los ruidos del descenso y los remolinos de aire entre el casco y mis sienes, la curva, freno y trazo a derechas..., la pista se ensancha, llaneo y vira a izquierdas..., vuelvo la cabeza y veo a Joa algo distanciada pero siguiéndome.
Los radios de las llantas no se ven y la imagen del neumático se distorsiona con los incesantes rebotes, el caucho se desplaza sobre la tierra y pulveriza esos granos, los hace pequeños y el aire desplazado los eleva, el chasis de la bicicleta tiembla y se revira en medio de esa nubecilla y la tierra se pega a ella, se adhiere a las chorreones de la bebida isotónica que con los baches supura por la boquilla y resbala hacia el Gran Bisonte, se pega sobre el sudor de las espinillas, sobre el culotte, sobre el maillot, sobre mis gafas de sol, sobre mis ojos pero el parpado baja y sube, limpia mi retina y en décimas de segundo vuelvo a ver las cimas de Espadan a punto de desparecer con el descenso largo y sinuoso. Las lomas y el pinar vuelven a llenar los horizontes, los campos de olivos en los bancales que ocupan los hondos, algunas parcelas de almendros y la casita de piedra levantada justo en el desvío a izquierdas...,

...voy frenando, pierdo velocidad y echo pie a tierra, regresa el silencio, la calma, puedo escuchar mi respiración y las llamadas de algunos pajarillos..., vuelvo a sentir una ráfaga de viento y percibo el rumor de una rodadura, miro hacia la pista y descubro a Joa llegando, sonriendo y tapada con el paravientos.

- ¡Buenooo, vaya bajadita has hecho...!
Para a mi lado y veo que busca algo en el transportin, pero sin volver la cabeza, parece un gesto reflejo..., y deja de sonreír, mira hacia él y exclama.
- ¡Ay, que lo he perdido todo..., el móvil, las llaves del coche...¡, ¡ se me ha caído la bolsa...!.

















































9 comentarios:

Ars natura dijo...

Se me cortó la conexión telefónica hace dos días justo cuando estaba leyendo tu entrada y acaba de volver ahora, después de varias llamadas a Telefonica.
Bueno que quería decirte que tienes las Michel´ñin casi para cambiar (un par de rutas más como esta y a colocar unas nuevas). Lo que tu lamas manzanilla es Santolina chamaecyparissus, santolina sin más. La manzanilla es muy parecida a las margaritas. Y lo de los platos ovalados, no lo había oído nunca, cómo se nota que ya no pedaleo, a ver si después de verano me hago con una bici y hago alguna rutilla.
Que a ver si aparece la bolsa en la próxima entrega, seguro que la trae un zorro en la boca y y os la cambia por un trozo de bocata, jejeje.

Pedro. dijo...

Que bueno Goyo que me andes corrigiendo, entonces es santolina..., ya no se me olvidará.
Ah, he toqueteado algo en la sección del feed, pero no se si funcionará lo de las actualizaciones, creo que mi blog se ha quedado solo en la red, je, je, je..., pero bueno, mientras personas como tu y el resto de mis queridos y queridas comentaristas sepais encontrarme, casi que me da igual.

Ars natura dijo...

Pues sigue igual. No se actualiza. Oye, has visitado el yacimiento de Atapuerca? Seguro que te encantaría verlo. Es que ayer he visto en Tv que han encontrado al "Homo nosequé" que era el antecesor de los Neandertales y me acordé de ti.Que lo escuchase ayer no quiere decir que lo hayan encontrado hace poco, creo que la noticia podría tener algunos meses...

El sapiens arcaico. dijo...

Joder Goyo, me lo has puesto a huevos (con perdon), en 2003, justo cuando aquella ola de calor africano mataba a mas de 20.000 ciudadanos franceses,justo cuando se fundian los glaciares europeos..., yo salia desde la Sierra Calderona, desde el chalé y pedaleaba en solitario hasta la mismisima trinchera del Ferrocarril, hasta la puerta de entrada a los yacimientos. Tardé seis dias y fueron 640 kilometros, entre pistas forestales y caminuchos...,escribií un libro de mas de 400 paginas sobre el viaje que jamas se editó..., y bueno., si,estuve allí, Goyo, estuve..., y en aquellos años se suponia que homo heidelbergensis era el ancestro de neardental, unos tipos poderosos, altos y fornidos, que dominaron la Sierra de Atapuerca y sus alrededores..., son los famosos moradores de la Sima de los Huesos.

Ars Natura dijo...

Qué tío! es que claro, juntas la ruta en bici de montaña con la arqueología y eso hay poquííííísima gente que lo haga también y por eso el libro tendrá poca salida. Me imagino que será por eso que no vió la luz ese libro. Aunque siempre se está a tiempo.... Nunca se sabe....

Fíjate, en el 2003 y yo me enteré el otro día! Me doy cuenta que voy algo retrasado en estos temas...

Un amigo de una prima mía es arqueólogo y dice que hay otro yacimiento en Portugal tan interesante o más que Atapuerca, pero que como no hay dinero para trabajarlo, allí está a medias de descubrir. Una pena.
te lo digo por si quieres hacerte un día otra escapadita con la Primigenia, jejeje.

María Hernández dijo...

Jejeje, Ars Natura, habría que ver a Pedro dándole al pedal hasta llegar a tierras lusas, ¿te imaginas como serían sus posts? ENORMES, jajaja.

Bueno, Pedro, ya sabes, si te animas a hacer la escapadita "Valencia-Portugal", aquí, Ars Natura, se habla con su prima y ésta con su amigo para que te busque una entradita gratis al yacimiento portugués, jejeje.

Por cierto, Ars Natura, me dijo Pedro que me habías enlazado en tu blog... muchas gracias.. pasa por "mi casa" cuando quieras, cuanto más amigos...MEJOR.

Saludos a todos

Ars Natura dijo...

Pues sí Pedro, cuando quieras te pongo pancarta de llegada en el yacimiento de Portugal. Y escribes otro libro, aver si con este hay más suerte. Creo que el blog tiene más tirada, pero no hagas las entradas tan largas...

Yo paso por tu casa de vez en cuando María, aún sin que me invites, jejeje soy un osado.
Que tengo pendiente contigo lo de hablar un poco de los alimentos, recuerdas?
A ver yo pico un poco de todo y no te estoy hablando sólo de comida, sino de conocimientos. Ahora me estoy empezando a conocer interiormente y esoy aprendiendo que para que sea más fácil o que para ser consciente de ciertas cosas debo cuidar mi alimentación, además de que mejorará mi salud, todo está relacionado, podríamos hablar muy largo y tendido sobre ello. Intento llevar una dieta macrobiótica, pero no estrictamente, a mi manera. Cualquier libro de Michio Kushi que encuentres en la biblioteca te informará muy bien. No es comida rara ni dietas de pasar hambre. La macrobiótica puede llegar a ser toda una forma de vida, pero yo no me lo tomo como tal. Bueno que me lío....
La dieta macrobiótica es: 50-60% de granos de cereales integrales, 20-30% vegetales,5-10% sopas, 5-10% legumbres y algas marinas, muy poco pescado y como mucho una vez al mes carne, pero mejor suprimirla, eliminando también azúcar, grasas refinadas, leche y huevos.Todo tiene su por qué, te lo podría escribir pero va ser muy largo.Los alimentos deben ser de temporada, lo más ecológicos posibles y que se cultiven en la zona y lo más frescos posibles claro. Con el tiempo el cuerpo te va pidiendo menos azúcar y carne, eso lo he notado mucho y te sacias antes, con menos comida. Yo no he tenido nunca problemas de sobrepeso (mido 1.90 y peso 70kg, así que soy delgadito), pero se puede hacer para equilibrar el peso del cuerpo. Yo lo hago porque entiendo que es muy importente lo que le das a tu cuerpo y además me siento muy bien comiendo de esta manera, estás más rápido de mente, por ejemplo, eso también lo he notado. También me ayuda con la meditación, se hace más profunda y fácil (cuando la hago, que debería ser a diario, y lo hago de higos a pascuas). Bueno que son muchas cosas que las complemento con la buena alimentación y otras cosas.
Te iba a escribir todo esto en un correo pero no he encontrado tu email en tu blog, así que te lo pongo aqui que creo que será el lugar más discreto de los que conozco para hablar de estas cosas.
Espero haberte aclarado algo. Si no es así, vuelve a preguntar y lo vuelvo a intentar.

Y Pedro comiéndose hamburguesas de carne con Joa después de pegarse la paliza con las bicis...
Que hay hamburguesas de arroz!

María Hernández dijo...

Ars Natura:

Ya sabes que Pedro estaría encantado de ser un "hombre de las cavernas", por éso come hamburguesas, nada más, jajaja.

De comida macrobiótica no se mucho, pero llevo tiempo sin tomar leche (no creo que sea necesaria), no me gusta la carne (pero desde que era pequeña) y me llevo mucho mejor con las verduras que con el gato del vecino. También como algo de pescado.

Bueno, Pedro.. y tú ¿dónde te metes? que entre Ars Natura y yo te estamos manteniendo el "garito". Asómese a la ventana, xiquet y cuente algo, jejje.

Saludos para todos.

Pedro, petrus, piedra, el que habita en las cavernas... dijo...

Maria, Goyo..., os observo desde la espesura, os oigo guarecido, semidesnudo y ya bronceado..., con los soles del verano, con los frios invernaré o bajaré a la las tierras bajas, allí la gente vive en chozas o cabañas, son capaces de estabular ganado y de criar plantas que dan granos dorados..., pero mi clan de cazadores-recolectores se mantendrá a cierta distancia de las chozas...aún así seguiremos cazando pequeñas presas como conejos, roedores, perdices y patos en los humedales hasta que inicien sus migraciones. Tambien recolectamos frutos, los de temporada, frutos secos que conservamos..., al final del invierno apenas si habrá caza, tampoco frutos, habremos adelgazado y estremos algo lentos, pero cuando comiencen a derretirse las escarchas y los hielos volveremos a cazar y a recolectar..., al final de todas las lunas y estaciones habremos comido de todo, carne, verduras, plantas,frutos jugosos o granos, sobretodo los del nogal, nos encanta..., igual que la carne de ciervo, pero solo los cazamos una vez al año, suele coincidir con las reuniones con otros clanes y participan todos, desde los niños hasta los ancianos, ellos deciden quienes comen antes y que partes de esos espiritus astados...
Y desperté, despues del sueño comprendí que debia de comer de todo y adaptado a mi actividad fisica y mental..., joder, sois cojonudos y no sabeis lo que me enseñais, no lo sabeis..., ah, allí en tierras lusas se encontró un famoso resto de un niño cromañón que compartía unos rasgos que lo acercaban muchisimo a los neardentales, a un posible cruce genetico con nosotros...¿....?.
Besitos Maria y para ti tambien, Goyo, je, je, je,