- Cumbre... -murmura Joa, la maestra de literatura..., dando las últimas pedaladas, coronando el punto geodésico del Pico del Águila, a más 850 metros de altitud y dejando atrás unas rampas con desniveles de entre el 16 y el 20%.
Echa pié a tierra, desencaja las calas y coje uno de sus dos botellines, apenas si jadea, entreabre sus finos labios y echa unos tragos de agua mirando hacia la Sierra de Espadan, hacia el pico del Penyagolosa, que se alza brumoso, algo turbio, pese al viento del norte que sopla con fuerza.
- Anda Pili..., ven aquí detrás que nos vamos a enfriar.
Nos sentamos al socaire de una pequeña caseta de madera y observamos esos horizontes, vemos la antigua Segobriga, allí, en la comarcad el Alto Palencia y tras ellas, la abrupta cadena azulada de Espadan.
- Míralas, mis montañas..., si, Pedro..., si que es el Penyagolosa -murmura Joa, imagino que recordando los más de 60 kilómetros que cubrió corriendo y caminando, durante la “Marató i Mitja del Penyagolosa”
- Yo no lo tenía claro..., es curioso, acabas de pegarte este subidón y simplemente has dicho “cumbre”..., si fuese con mis colegas mas de uno habría tirado la bici y se habría cagado en todo.
Joa sonríe y vuelve a beber, el viento mueve los cabellos rebeldes que han escapado al trenzado de sus coletas y el sol se derrama contra sus piernas, sobre sus rodillas..., quizás las mire demasiado, aparto los ojos de ellas y vuelvo a mirar hacia el mar de nubes que avanzan empujadas por el viento, llenan de manchas oscuras los horizontes que contemplamos y de pequeños cambios térmicos cuando se interponen entre nosotros y el sol.
Oímos claramente las voces de dos senderistas, al poco asoman escalando sobre la lechada de hormigón rosáceo y nos saludamos, me acerco a Joa y le confieso susurrando.
- Cuando estábamos subiendo los he oído y por unos momentos me ha horrorizado la idea de que me cogieran.
- No hombre no, que tu subes muy bien.
- Pues tu no te quedas atrás..., bueno, ¿hace ese cortadito en Gatova...?.
- Claro.
Nos levantamos, Joa se cubre con un chubasquero, para no enfriarse con el descenso, da otro trago, montamos y damos unas pedaladas, Joa gira la cabeza y vuelve a mirar hacia Espadan...,
... hasta que nos dejamos caer sobre la lechada de hormigón, unas vueltas mas de las bielas y el viento de norte nos empuja de costado, sopla con fuerza y nos tenemos que inclinar sobre las propias rachas para no salirnos de la estrecha trazada de cemento.
- ¡¡¡Uahhhh, no hay nada tan eufórico como una bajada en bicicleta...¡¡¡ -vocea Joa a mi espalda, imagino que apartando la mirada de esas montañas, de esas cumbres tan queridas por la maestra de literatura.
Y tiene sus motivos para contemplarlas con cierta nostalgia, vivió cerca de ellas y ha recorrido gran parte de sus senderos y pistas. Hace un rato las señalaba y me nombraba algunas de sus cotas..., durante unos instantes me he sentido ignorante y me han vuelto a invadir esos curiosos miedos ante las expectativas que ella haya podido poner sobre mi y sobre lo que yo puedo mostrarle o descubrirle de la Calderona..., realmente poca cosa, sobretodo porque tiene un fiel amigo, colocado en el manillar de Camino, su bici, que la lleva a todos los rincones de esta sierra o de cualquier otra..., su inseparable GPS, con él conectado a sus tres o cuatro satélites, Joa es libre como un vencejo y no necesita de tipos como yo para que la lleven por estas pistas o para que traten de sorprenderla con alguna ruta que ella no halla hecho en solitario o con la Peña Btt de Moncada.
Esta mañana, a eso de las ocho, le he echado una mirada nada más aparecer por el aparcamiento de Porta Coeli.
- Bon día...-he saludado, quitándome el casco para poderle dar dos besos en las mejillas.
- Holaaa..., -sonríe Joa, acercándose. Mis ojos se van hacia sus coletas, hacia sus piernas, hacia la rodillera azul que cubre su articulación derecha..., y de nuevo hacia su rostro, después lo percibo contra mis labios y nos damos dos besos en las mejillas.
- Vaya..., ya estas lista..., y no se te ha olvidado el GPS -observo mirando hacia el artilugio instalado sobre Camino, su bici, apoyada contra el Focus ranchera de color azul metalizado..., su color preferido.
Cierra su coche con el mando a distancia y la guardada en una bolsa de plástico que asegura sobre el transportín con una goma, le da varias vueltas, se ajusta el barboquejo del casco y me mira.
- Cuando quieras.
- Entonces ya mismo..., ah mira, mi amigo Martín ya me ha montado los Q-Rings, bueno, los platos ovalados de los que te hablé.
Desmonto, me acuclillo frente a mis bielas y las muevo con la mano para que Joa pueda ver la forma apepinada de los platos.
- Uy..., pues si que son ovalados, que sensación más rara..., me dijiste que eran para reducir las molestias en las rodillas ¿no...?.
- Si..., el principio es que cuando tienes las rodillas plegada cuesta mucho hacer fuerza, de hecho es el momento en el que mas se deteriora el cartílago..., pues la teoría es que con estos platos el desarrollo se suaviza justo en ese momento que tienes la pierna encogida, te facilita ese primer empuje y luego poco a poco vuelve al desarrollo normal cuando ya la tienes a media extensión, se supone que es el momento en el que menos sufre la musculatura y la articulación... y vuelta a empezar. La verdad es que estuve ojeando el foro de ciclismo y había gente que hablaba muy de ellos, me acuerdo de uno que decía que quería hacer la “Quebrantahuesos”, pero que el dolor de rodillas se lo iba a impedir, decía que fue ponerse los Q-Rings de Rotor y poder hacerla..., la verdad es que ese testimonio me impresionó.
- Bueno..., pues ya me dirás como van, que eso me interesa -comenta Joa, ajustándose la “prótesis”, así llama ella a la rodillera que protege su articulación derecha, compañera inseparable de sus pedaladas, de sus caminatas, de sus competiciones en carreras de montaña, de sus senderos y de sus escaladas hasta cotas de mas 6000 metros de altitud.
Echo una ultima mirada al aparcamiento, veo algunos coches, no demasiados y a los ciclistas descargando las bicis de los maleteros, escucho algunos saludos y veo que llegan otros dos turismos, levantan una pequeña nube de polvo que una ráfaga de viento envía hacia la carretera.
- Vamonos, Pili.
Vuelvo a montar, encajo las calas y damos las primeras pedaladas, en ligera subida, el aparcamiento queda a nuestras espaldas y sentimos de nuevo ese viento soplando algo fresco.
- Este es el mismo viento de ayer -murmura Joa.
- Bueno..., espero que nos de tiempo antes de que se caliente..., ayer por la tarde hacia bastante calor.
- Si... ¿y que ruta me tienes preparada...?, ¿a ver esa sorpresa...?.
Pedaleamos juntos, me vuelvo hacia ella y observo el leve balanceo de sus graciosas coletas, su perfil de rasgos afilados, el vaivén de sus esbeltas piernas.
- Bueno, subiremos por la Vigueta hacia...
- Oh no... -se queja Joa- otra vez la Vigueta...
- Si quieres subimos por el Campillo, aún estamos a tiempo...
- No, no..., por donde tu digas.
- Bueno, pues subiremos hasta Tristan y después por un camino que sube hacia el Pico del Águila, creo que desde allí se ve el Penyagolosa..., espero que tu me lo confirmes...
Joa sonríe y escucho como cambia de marcha, el camino va subiendo hasta alcanzar el desvío hacia el Campillo, continuamos al frente, en bajada y vamos rodando, sorteando los agujeros abiertos en el carril y trazando los virajes.
Después de otro pequeño repecho dejamos la pista que sube hasta la Font de L´abella, también a derechas, viramos a izquierdas, una bajadita y otro giro a derechas. La pista empieza a elevarse, a remontar hacia el Portixol, subo un par de piñones y oigo como Joa “mete” el plato pequeño, aumenta su cadencia de pedaleo y yo resoplo, me relajo y me apoyo en los acoples del manillar.
- A esta subida..., mis sobrinos y yo..., la bautizamos... -empiezo a contarle a Joa entre jadeos- como la Prueba del Hombre...
- ¿Por qué...?
- Pues porque una vez..., vino un colega..., que no hace bici..., es ejecutivo..., y de piel blanquecina... -bromeo.
La pista sigue ascendiendo, ganando altura..., veo mis rodillas subir y bajar y a los platos Q-Rings oscilar con esa curiosa forma ovoide, tirando de la cadena y de los piñones.
- Cuando coronamos..., uno de los amigos de...., mis sobrinos....,me dijo..., el hombre sube andando...
Joa suelta una risa entrecortada, me giro hacia ella y la veo algo distanciada.
- No te preocupes..., por mí..., sigue a tu ritmo...
Sonrío y vuelvo la vista al frente, respiro profundamente y sigo dando pedaladas, remontando y girando a derechas, rodando entre las paredes de la montaña, manchadas del polvo blanquecino del carril, también algo amarilleadas o con vetas rojizas veladas por el mismo polvo, a la sombra y sin dejar de ascender, veo el sol asomándose al final del estrecho camino y con unas vueltas más del plato de 34 dientes corono jadeando ligeramente, el camino recupera su color rojizo y observo los farallones que se alzan recogiendo el vallecillo. Echo pié a tierra, saco la cámara y veo por el objetivo a Joa, apenas si le he sacado un poco de ventaja.
- Andaaa, ya empezamos..., con las fotos... -bromea Pilar.
Para a mi lado y observo que apenas si jadea, medio sonríe y da varios tragos de agua, encaja el botellín y me mira.
- Hala, hala, halaaaa.... -y echa pie a tierra con un leve jadeo, con las coletas cayendo sobe su pecho- anda, trae que te haga una.
- Venga... ¿continuamos...?. -sugiero guardando la cámara en el bolsillo de maillot.
Joa sonríe y se hace a un lado, sujeta a la Primigenia y oprimo el disparador, ladeo un poco la cabeza y la enfoco otra vez, pero de cintura para abajo.
- Venga, dame la camara que ahora te hago yo una...
Le dejo la Canon, me retraso y poco y Joa me fotografia sujetando la maquinita con una sola mano.
Me mira, sonríe y volvemos a montar..., a pedalear, poco a poco Joa se va retrasando y yo voy remontando..., no me preocupa que pedalee sola, bueno realmente no nos distanciamos demasiado y se que ella no necesita de ningún chico que la tutele cuando rueda por la sierra, no necesita de mis ánimos. Joa a escalado el Monte Kenia, a mas de 4000 metros de altitud también el Chimborazo, a mas de 6000 metros de altitud, a dormido sola cientos de veces en el monte y entre semana suele salir a solas con su GPS, menos los jueves, que sale con un grupo de corredores de montaña llamados “misjueves”, recorre la Calderona a zancadas con ellos, sonriendo. balanceando sus coletas..., descubriendo sendas, caminos y vericuetos, rincones hermosos..., y de nuevo la arenisca blancuzca surge entre piedras, entre placas de rodeno o entre rocas desprendidas del mismo subsuelo, arrancadas con las avenidas, con las lluvias torrenciales encajonadas y bajando salvajes por esta garganta varias veces cada mil años..., mucho mas tiempo del que viviremos Joa y yo, los arbustos que contemplo, los pajarillos que a veces cruzan la pista..., tan solo ellas, las montañas permanecerán...., giro a izquierdas, ahora a derechas y echo una mirada rápida a la pista repleta de estratos asomando, de aristas, de puntas, de lajas..., acelero, cojo el lado izquierdo, trepo dando pedales sin cesar y me desvió a la derecha, las suspensiones empiezan a hundirse y a extenderse, noto con los neumáticos se traban en las piedras encajadas en el camino..., me paso a la de derecha, rozando los arbustos y las ramas de los pinos, sigo pedaleando y vuelvo a cambiarme a la izquierda, expulso una bocanada de aire, sigo remontando y echo la mirada por delante, veo el roquedo aflorando por todo el carril y recuerdo que en invierno suele descender un reguerillo de agua que destella, que brilla cuando hacemos esta ruta, pero en descenso..., doy unas pedaladas mas y paro, miro hacia la curva y veo a Joa vacilar entre las piedras, pierde empuje y la serranía traba sus ruedas..., sacude sus trenzas y tiene que apoyarse. Desmonta, empuja un poco a Camino, la atraviesa, vuelve a montar, arranca y sigue remontando, me ve y sonríe.
- Bueno..., a veces también echo pie a tierra..., igual me distraigo, no hago la trazada buena y hala, te quedas encallado.
Vuelvo a montar, suenan los chasquidos de las calas y continuamos remontando..., la alcanzo, poco a poco voy ganando metros a Joa y de nuevo pedaleo a solas. Dejo atrás ese tramo repleto pedregoso y el camino llaneo unas decenas de metros, el sol ya asoma por encima de las montañas que se alzan a los lados del barranco y siento sus rayos en mi espalda, pero el viento es fresco y a veces sopla súbitamente, irrumpe bajando por las laderas y levanta nubecillas de polvo que enseguida se dispersan.
Encara el fuerte repecho, salva con gracia las grietas que cortan la curva y sigue hacia arriba. Arranco tras ella, observo cu cuerpecito agalgado y su pedaleo rápido moviendo el plato de 22 dientes y durante un rato voy tras ella, mirándola y viendo también las florecillas amarillas de la manzanilla, iluminan los bordes del camino y me hacen sonreír, distingo tambien una mata de rabo de gato..., creo que en infusión tiene propiedades antiinflamatorias.
Ya vemos como llega la pista, por nuestra derecha desde la Font del Poll, ya casi hemos coronado, distinguimos los abetales de Tristan y las parcelas de pinos reforestado, pasamos sobre el lecho seco del charco que durante todo el invierno ha estado inundado y la sombra nos cobija ya en el cruce de caminos, paramos y me quedo observando una de las matas de manzanilla.
- Venga..., tu sigue con tu reportaje -me anima Joa bajándose también de la bici.
Y recuerdo aquel paseo con Patricia, por los alrededores del chalé, sentí la misma sorpresa que en estos momentos cuando mi amiga identificó una mata espinosa como “espino blanco”..., una planta de excelentes cualidades cardiotónicas..., y estaba allí mismo, igual que ahora, rodeado de plantas, de matojos de aspecto duro y correoso pero medicinales, igual que estas manzanillas, que el hipérico, con estos mismos pinos que nos dan la sombra. Las abejas utilizan sus resinas para procesar sustancias, como el propolis que utilizan para proteger sus colmenas del ataque de hongos y virus, yo también lo he consumido este invierno en forma de jarabe y me ha funcionado, bueno, junto a unas generosas dosis de equinacea, otra planta milagrosa..., y es curioso, siempre han sido ellas, las mujeres quienes me han descubierto esas plantas que nuestros ancestros utilizaron para curarse las heridas, las enfermedades..., desde hace miles de años, mientras los hombres cazaban ellas recolectaban alimentos vegetales o cazaban pequeños mamíferos como conejos o ratones de campo, recolectaban plantas, musgos, líquenes, brotes. En algún momento de nuestra prehistoria ellas descubrieron la relación entre aquel ungüento, entre aquella bebida caliente, entre aquel caldo de hojas y la sanación de ellas mismas, de sus hijos, de sus parejas...
...voy frenando, pierdo velocidad y echo pie a tierra, regresa el silencio, la calma, puedo escuchar mi respiración y las llamadas de algunos pajarillos..., vuelvo a sentir una ráfaga de viento y percibo el rumor de una rodadura, miro hacia la pista y descubro a Joa llegando, sonriendo y tapada con el paravientos.








La butaquita de Gonzalo y junto a ella la replica a mitad 
Casualmente aparecen estos silloncitos en minuatura, los regalaba