Ala Quebrada...., un vencejo que casi se arrancó el ala contra el cable anclado muy cerca de la junta de dilatación donde dcidió anidar, desde entonces,día tras día lo esquiva para poder alimentar a su polluelo.

domingo, 5 de julio de 2009

PEDALEANDO JUNTO A PILAR, TAMBIÉN LLAMADA JOA.(1ª PARTE)






- Cumbre... -murmura Joa, la maestra de literatura..., dando las últimas pedaladas, coronando el punto geodésico del Pico del Águila, a más 850 metros de altitud y dejando atrás unas rampas con desniveles de entre el 16 y el 20%.

Echa pié a tierra, desencaja las calas y coje uno de sus dos botellines, apenas si jadea, entreabre sus finos labios y echa unos tragos de agua mirando hacia la Sierra de Espadan, hacia el pico del Penyagolosa, que se alza brumoso, algo turbio, pese al viento del norte que sopla con fuerza.

- Anda Pili..., ven aquí detrás que nos vamos a enfriar.

Nos sentamos al socaire de una pequeña caseta de madera y observamos esos horizontes, vemos la antigua Segobriga, allí, en la comarcad el Alto Palencia y tras ellas, la abrupta cadena azulada de Espadan.

- Míralas, mis montañas..., si, Pedro..., si que es el Penyagolosa -murmura Joa, imagino que recordando los más de 60 kilómetros que cubrió corriendo y caminando, durante la “Marató i Mitja del Penyagolosa”


- Yo no lo tenía claro..., es curioso, acabas de pegarte este subidón y simplemente has dicho “cumbre”..., si fuese con mis colegas mas de uno habría tirado la bici y se habría cagado en todo.

Joa sonríe y vuelve a beber, el viento mueve los cabellos rebeldes que han escapado al trenzado de sus coletas y el sol se derrama contra sus piernas, sobre sus rodillas..., quizás las mire demasiado, aparto los ojos de ellas y vuelvo a mirar hacia el mar de nubes que avanzan empujadas por el viento, llenan de manchas oscuras los horizontes que contemplamos y de pequeños cambios térmicos cuando se interponen entre nosotros y el sol.

Oímos claramente las voces de dos senderistas, al poco asoman escalando sobre la lechada de hormigón rosáceo y nos saludamos, me acerco a Joa y le confieso susurrando.

- Cuando estábamos subiendo los he oído y por unos momentos me ha horrorizado la idea de que me cogieran.

- No hombre no, que tu subes muy bien.

- Pues tu no te quedas atrás..., bueno, ¿hace ese cortadito en Gatova...?.

- Claro.


Nos levantamos, Joa se cubre con un chubasquero, para no enfriarse con el descenso, da otro trago, montamos y damos unas pedaladas, Joa gira la cabeza y vuelve a mirar hacia Espadan...,

... hasta que nos dejamos caer sobre la lechada de hormigón, unas vueltas mas de las bielas y el viento de norte nos empuja de costado, sopla con fuerza y nos tenemos que inclinar sobre las propias rachas para no salirnos de la estrecha trazada de cemento.

- ¡¡¡Uahhhh, no hay nada tan eufórico como una bajada en bicicleta...¡¡¡ -vocea Joa a mi espalda, imagino que apartando la mirada de esas montañas, de esas cumbres tan queridas por la maestra de literatura.

Y tiene sus motivos para contemplarlas con cierta nostalgia, vivió cerca de ellas y ha recorrido gran parte de sus senderos y pistas. Hace un rato las señalaba y me nombraba algunas de sus cotas..., durante unos instantes me he sentido ignorante y me han vuelto a invadir esos curiosos miedos ante las expectativas que ella haya podido poner sobre mi y sobre lo que yo puedo mostrarle o descubrirle de la Calderona..., realmente poca cosa, sobretodo porque tiene un fiel amigo, colocado en el manillar de Camino, su bici, que la lleva a todos los rincones de esta sierra o de cualquier otra..., su inseparable GPS, con él conectado a sus tres o cuatro satélites, Joa es libre como un vencejo y no necesita de tipos como yo para que la lleven por estas pistas o para que traten de sorprenderla con alguna ruta que ella no halla hecho en solitario o con la Peña Btt de Moncada.

Esta mañana, a eso de las ocho, le he echado una mirada nada más aparecer por el aparcamiento de Porta Coeli.

- Bon día...-he saludado, quitándome el casco para poderle dar dos besos en las mejillas.

- Holaaa..., -sonríe Joa, acercándose. Mis ojos se van hacia sus coletas, hacia sus piernas, hacia la rodillera azul que cubre su articulación derecha..., y de nuevo hacia su rostro, después lo percibo contra mis labios y nos damos dos besos en las mejillas.

- Vaya..., ya estas lista..., y no se te ha olvidado el GPS -observo mirando hacia el artilugio instalado sobre Camino, su bici, apoyada contra el Focus ranchera de color azul metalizado..., su color preferido.

Cierra su coche con el mando a distancia y la guardada en una bolsa de plástico que asegura sobre el transportín con una goma, le da varias vueltas, se ajusta el barboquejo del casco y me mira.

- Cuando quieras.

- Entonces ya mismo..., ah mira, mi amigo Martín ya me ha montado los Q-Rings, bueno, los platos ovalados de los que te hablé.

Desmonto, me acuclillo frente a mis bielas y las muevo con la mano para que Joa pueda ver la forma apepinada de los platos.

- Uy..., pues si que son ovalados, que sensación más rara..., me dijiste que eran para reducir las molestias en las rodillas ¿no...?.

- Si..., el principio es que cuando tienes las rodillas plegada cuesta mucho hacer fuerza, de hecho es el momento en el que mas se deteriora el cartílago..., pues la teoría es que con estos platos el desarrollo se suaviza justo en ese momento que tienes la pierna encogida, te facilita ese primer empuje y luego poco a poco vuelve al desarrollo normal cuando ya la tienes a media extensión, se supone que es el momento en el que menos sufre la musculatura y la articulación... y vuelta a empezar. La verdad es que estuve ojeando el foro de ciclismo y había gente que hablaba muy de ellos, me acuerdo de uno que decía que quería hacer la “Quebrantahuesos”, pero que el dolor de rodillas se lo iba a impedir, decía que fue ponerse los Q-Rings de Rotor y poder hacerla..., la verdad es que ese testimonio me impresionó.

- Bueno..., pues ya me dirás como van, que eso me interesa -comenta Joa, ajustándose la “prótesis”, así llama ella a la rodillera que protege su articulación derecha, compañera inseparable de sus pedaladas, de sus caminatas, de sus competiciones en carreras de montaña, de sus senderos y de sus escaladas hasta cotas de mas 6000 metros de altitud.

Echo una ultima mirada al aparcamiento, veo algunos coches, no demasiados y a los ciclistas descargando las bicis de los maleteros, escucho algunos saludos y veo que llegan otros dos turismos, levantan una pequeña nube de polvo que una ráfaga de viento envía hacia la carretera.

- Vamonos, Pili.

Vuelvo a montar, encajo las calas y damos las primeras pedaladas, en ligera subida, el aparcamiento queda a nuestras espaldas y sentimos de nuevo ese viento soplando algo fresco.

- Este es el mismo viento de ayer -murmura Joa.

- Bueno..., espero que nos de tiempo antes de que se caliente..., ayer por la tarde hacia bastante calor.

- Si... ¿y que ruta me tienes preparada...?, ¿a ver esa sorpresa...?.

Pedaleamos juntos, me vuelvo hacia ella y observo el leve balanceo de sus graciosas coletas, su perfil de rasgos afilados, el vaivén de sus esbeltas piernas.

- Bueno, subiremos por la Vigueta hacia...

- Oh no... -se queja Joa- otra vez la Vigueta...

- Si quieres subimos por el Campillo, aún estamos a tiempo...

- No, no..., por donde tu digas.

- Bueno, pues subiremos hasta Tristan y después por un camino que sube hacia el Pico del Águila, creo que desde allí se ve el Penyagolosa..., espero que tu me lo confirmes...

Joa sonríe y escucho como cambia de marcha, el camino va subiendo hasta alcanzar el desvío hacia el Campillo, continuamos al frente, en bajada y vamos rodando, sorteando los agujeros abiertos en el carril y trazando los virajes.

Después de otro pequeño repecho dejamos la pista que sube hasta la Font de L´abella, también a derechas, viramos a izquierdas, una bajadita y otro giro a derechas. La pista empieza a elevarse, a remontar hacia el Portixol, subo un par de piñones y oigo como Joa “mete” el plato pequeño, aumenta su cadencia de pedaleo y yo resoplo, me relajo y me apoyo en los acoples del manillar.

- A esta subida..., mis sobrinos y yo..., la bautizamos... -empiezo a contarle a Joa entre jadeos- como la Prueba del Hombre...

- ¿Por qué...?

- Pues porque una vez..., vino un colega..., que no hace bici..., es ejecutivo..., y de piel blanquecina... -bromeo.

La pista sigue ascendiendo, ganando altura..., veo mis rodillas subir y bajar y a los platos Q-Rings oscilar con esa curiosa forma ovoide, tirando de la cadena y de los piñones.

- Cuando coronamos..., uno de los amigos de...., mis sobrinos....,me dijo..., el hombre sube andando...

Joa suelta una risa entrecortada, me giro hacia ella y la veo algo distanciada.

- No te preocupes..., por mí..., sigue a tu ritmo...

Sonrío y vuelvo la vista al frente, respiro profundamente y sigo dando pedaladas, remontando y girando a derechas, rodando entre las paredes de la montaña, manchadas del polvo blanquecino del carril, también algo amarilleadas o con vetas rojizas veladas por el mismo polvo, a la sombra y sin dejar de ascender, veo el sol asomándose al final del estrecho camino y con unas vueltas más del plato de 34 dientes corono jadeando ligeramente, el camino recupera su color rojizo y observo los farallones que se alzan recogiendo el vallecillo. Echo pié a tierra, saco la cámara y veo por el objetivo a Joa, apenas si le he sacado un poco de ventaja.


- Andaaa, ya empezamos..., con las fotos... -bromea Pilar.

Para a mi lado y observo que apenas si jadea, medio sonríe y da varios tragos de agua, encaja el botellín y me mira.

- Hala, vamos a seguir..., que tú subes muy deprisa.
- Pues tampoco te he sacado tanto.
Ella cabecea, traba el pedal en la cala y empuja con su rodilla envuelta con la “prótesis” azul, salgo tras ella y nos alivia el suave descenso sobre el camino de color rojizo, como el rodeno que aflora por toda la serranía.
Poco a poco vamos rodando hacia esas paredes en las que ya incide el sol, pero van quedando a nuestra izquierda, nosotros buscamos el paso tortuoso y a la sombra entre las montañas, el camino que se revira y vuelve a subir, que va atravesando la serranía, que nos conduce a través de ella.
Dejamos las últimas casitas, la pista forestal se estrecha, se va rompiendo y las aristas de los estratos de rodeno emergen en ella, las suspensiones oscilan y subo un piñón, escucho después como cruje el cambio de Joa.
Las ramas espinosas de las zarzas se vencen sobre el camino, escucho el rumor del riachuelo estacional de la Gota a mi izquierda, bajando por el lecho repleto de cantos redondeados de ese mismo rodeno y observo a mi derecha la vegetación espesa y aún verde que crece a la sombra de los macizos de piedra, cubierta de musgos, de enredaderas, de arbustos y con uno de sus estratos colonizado por unas matas de helechos, que busco con la mirada pero que no logro encontrar.
Aflojo un poco la pedalada y señalo hacia la umbría.
- Ahí crecen unas matas de helecho..., las descubrió mi hermana Mónica, como ella va mas despacio en bici le da tiempo a ver cosas..., bueno, el caso es que ni ahora los puedo ver..., en invierno si que los localizo enseguida.
Joa llega y mira hacia esa pared cubierta de vegetación.
- Donde hay un poco de humedad constante la vida crece...,¿eh?
- Pues si..., a la mínima oportunidad.
Volvemos a pedalear, a ir remontando, subiendo, en solitario, sin ver a ningún ciclista..., aún a la sombra del cañón, pero virando poco a poco a derechas hasta que el sol se cuela entre un estrecho y mitiga el color rojizo de la pista, ilumina esas pequeñas aristas de piedra y lanza sombras o destellos sobre el dorso de las hojas caídas de una carrasca, las hace brillar sobre la pista antes de que pierdan toda su humedad..., llego a ese estrecho por que suele caer agua y giro a izquierdas, hacia su cauce que corta en V el camino, cambio de marchas, cruje el mando giratorio y encaro la rampa inclinándome hacia delante..., la pista se alza y resoplo, me relajo y muevo los novedosos Q-Rings ovalados con cadencia..., escucho otra vez a Joa cambiar de marchas y sigo dando pedales, ganando metros al repecho, ganando altura y llegando hasta el cruce con la respiración algo a acelerada, bajo un piñón y hago girar la bici, echo pie a tierra y observo a Joa pedaleando sin desfallecer, con el 22 engranado y casi sonriendo.
- ¡Mas fotos...¡ -exclama cuando me ve apuntándole con la cámara.
- Ya te dije que tenía fijación por tus piernas.
Y vuelvo a disparar con ella encima, a punto de parar.












- Hala, hala, halaaaa.... -y echa pie a tierra con un leve jadeo, con las coletas cayendo sobe su pecho- anda, trae que te haga una.

- Bueno, pues espera que baje y que coja carrerilla.
Joa me observa dar la vuelta, me dejo caer unos metros sobre la rampa que acabo de salvar, giro completamente sobre la misma pista y vuelvo a remontar, a sonreír, a mirar hacia mi compañera de pedalada. Ella me apunta con la cámara, sujetándola con una sola mano y escucho el disparador virtual.


- Venga... ¿continuamos...?. -sugiero guardando la cámara en el bolsillo de maillot.

Ella sonríe y afirma con la cabeza, calamos las zapatillas sobre los pedales y volvemos a rodar. El camino va girando a izquierdas, se abre un banco de arena en la misma curva, los neumáticos se hunden en él y una veta de arenisca blanca surge de las entrañas de la sierra Calderona, la pista vuelve a levantarse, a elevarse ante las ruedas..., subo un piñón, vuelvo a inclinarme un poco hacia delante y busco un tramo de tierra endurecida que queda a la izquierda, asomándome a la ladera que cae cubierta de aliagas y coscojas, de jóvenes pinos..., y que se desploma hacia las pozas que surgen en el barranco. Vuelvo a distinguir el agua estancada ahí abajo, siempre la miro guante unos segundos, como tratando de recordar que “ahí hay agua...”, como si en algún momento de mi vida me viese perdido por estos montes y necesitara de esa agua vital..., y Joa se va quedando atrás, giro la cabeza y la veo remontando sin quejarse, siguiendo el rastro de mis Michelín Dry2.
Sonrió y sigo moviendo los platos Rotor ovalados, lo observo durante unos momentos y veo la tierra y las piedras, el polvo y los charcos resecos que pasan bajo la cada del pedalier..., vuelvo la vista al frente y encaro otro repechón que se levanta entre algunas casitas..., clac, subo otra corona y la cadena empieza a tirar del piñón de 34 dientes, aumenta el numero de pedaladas y asciendo entre rocas, entre aristas de rodeno que emergen en la pista..., corono y aflojo un poco, espero a Joa y al poco me alcanza.
- Oye..., con que facilidad subes..., yo tropiezo con todas las piedras.
Sonrío y la miro.
- Bueno..., es que subo tantas veces..., que al final, casi sabes donde están esas piedras y las esquivas, también sabes con que piñón empezar y todo eso ayuda.
- Bien..., ya lo iré aprendiendo.
- Mira que eres modosita..., ¿qué le voy a enseñar yo a una mujer que ha subido al Chimborazo y al Monte Kenia, que se va sola por esas serranías de Dios con ese GPS que llevas en el manillar...?, yo, que no salgo de la Calderona.
- Ay..., otra subida..., hasta luego..., hala, tira, tira...
Meneo la cabeza y otra vez el camino vuelve a ascender..., la pista de la Vigueta es así, rampa tras rampa, leves llaneos, breves descansos para recuperar el resuello y otro repecho..., vuelvo a mover la pelvis hacia la punta del sillín, resoplo y noto como la pendiente retiene la pedalada, como mis cuadriceps tienen que presionar mas sobre el pedal, como mis músculos cardiacos se contraen y se expanden mas rápidamente, como voy jadeando..., y mirando por donde colocar la rueda delantera, veo esas esquinas de rodeno que surgen ocupando el centro del carril, me ladeo un poco, pero me desequilibro y no tengo mas remedio que pasar por encima, empujo con fuerza las bielas y los neumáticos trepan sobre la roca..., sigo pedaleando y percibo el vaivén de la rueda trasera salvando el escollo..., vuelvo a resoplar y sigo pedaleando, remontando como si pedalease a solas. No escucho la espiración de Joa, tampoco ninguna queja..., no vuelvo la cabeza pero se que ella sigue ahí, tenaz y silenciosa..., no paro a esperarla y miro al frente, bajo un piñón y observo el tajo del pequeño barranco que desciende desde el refugio de Tristan y La Mina, en las faldas del Gorgó. Veo ese monte bajo aún lleno de color, el blanco de las pequeñas margaritas de la estepa negra, el verde azufrado de las aliagas, el verde de las coscojas, los perfiles de unas montañas sin apenas pinar pero cubiertas de vegetación espinosa y abundante, espesa..., sin apenas contrastes de color, sin cromatismos vivaces..., tonos como difuminados, apagados..., pero desde luego mas vivos que durante el invierno, cuando remontaba por este mismo carril, cuando cubría las mismas rutas en solitario, en silencio, con el rodeno de la pista húmedo y con las huellas de los jabalíes impresas en él..., y llega una ráfaga de viento, noto como me frena y desaparece, miro hacia arriba, veo un cielo que poco se va cubriendo de nubes pequeñas y a mi derecha un inmensa pared de rodeno, como elevada capa a capa, cubierta de líquenes y que proyecta su sombra sobre el barranco..., dejo de pedalear, la observo y saco la cámara.
Miro hacia la pista y observo a Joa a través del objetivo, la tengo un rato enfocada y disparo.
Ella mueve la cabeza y hace oscilar sus trenzas, para junto a mí y echa un trago de agua.
- Estás muy fuerte chico...
Sonrío halagado y señalo con la barbilla hacia el peñasco.
- ¿Te puedes creer que paso por aquí bastantes veces al año y nunca me había fijado en esa pared...?, si me aguantas la Bicipalo le hago una foto.


Joa sonríe y se hace a un lado, sujeta a la Primigenia y oprimo el disparador, ladeo un poco la cabeza y la enfoco otra vez, pero de cintura para abajo.

- ¡Ehhh...! -se queja mi amiga, pero ya he hecho la foto.
- Es que tengo fijación por tus piernas..., y antes de que reacciones devuélveme mi bici que me marcho cuesta arriba -bromeo.

- Venga, dame la camara que ahora te hago yo una...

Le dejo la Canon, me retraso y poco y Joa me fotografia sujetando la maquinita con una sola mano.


Me mira, sonríe y volvemos a montar..., a pedalear, poco a poco Joa se va retrasando y yo voy remontando..., no me preocupa que pedalee sola, bueno realmente no nos distanciamos demasiado y se que ella no necesita de ningún chico que la tutele cuando rueda por la sierra, no necesita de mis ánimos. Joa a escalado el Monte Kenia, a mas de 4000 metros de altitud también el Chimborazo, a mas de 6000 metros de altitud, a dormido sola cientos de veces en el monte y entre semana suele salir a solas con su GPS, menos los jueves, que sale con un grupo de corredores de montaña llamados “misjueves”, recorre la Calderona a zancadas con ellos, sonriendo. balanceando sus coletas..., descubriendo sendas, caminos y vericuetos, rincones hermosos..., y de nuevo la arenisca blancuzca surge entre piedras, entre placas de rodeno o entre rocas desprendidas del mismo subsuelo, arrancadas con las avenidas, con las lluvias torrenciales encajonadas y bajando salvajes por esta garganta varias veces cada mil años..., mucho mas tiempo del que viviremos Joa y yo, los arbustos que contemplo, los pajarillos que a veces cruzan la pista..., tan solo ellas, las montañas permanecerán...., giro a izquierdas, ahora a derechas y echo una mirada rápida a la pista repleta de estratos asomando, de aristas, de puntas, de lajas..., acelero, cojo el lado izquierdo, trepo dando pedales sin cesar y me desvió a la derecha, las suspensiones empiezan a hundirse y a extenderse, noto con los neumáticos se traban en las piedras encajadas en el camino..., me paso a la de derecha, rozando los arbustos y las ramas de los pinos, sigo pedaleando y vuelvo a cambiarme a la izquierda, expulso una bocanada de aire, sigo remontando y echo la mirada por delante, veo el roquedo aflorando por todo el carril y recuerdo que en invierno suele descender un reguerillo de agua que destella, que brilla cuando hacemos esta ruta, pero en descenso..., doy unas pedaladas mas y paro, miro hacia la curva y veo a Joa vacilar entre las piedras, pierde empuje y la serranía traba sus ruedas..., sacude sus trenzas y tiene que apoyarse. Desmonta, empuja un poco a Camino, la atraviesa, vuelve a montar, arranca y sigue remontando, me ve y sonríe.

- Que pocas veces consigo..., salir bien de esa curva..., pero tu lo haces fácil... -me halaga otra vez, pero sin parar y encarando otra rampa.


- Bueno..., a veces también echo pie a tierra..., igual me distraigo, no hago la trazada buena y hala, te quedas encallado.

Vuelvo a montar, suenan los chasquidos de las calas y continuamos remontando..., la alcanzo, poco a poco voy ganando metros a Joa y de nuevo pedaleo a solas. Dejo atrás ese tramo repleto pedregoso y el camino llaneo unas decenas de metros, el sol ya asoma por encima de las montañas que se alzan a los lados del barranco y siento sus rayos en mi espalda, pero el viento es fresco y a veces sopla súbitamente, irrumpe bajando por las laderas y levanta nubecillas de polvo que enseguida se dispersan.

Cruzo por el tajo que un riachuelo seco ha ido perforando en la pista con las lluvias y la pista gira a izquierdas, en ascenso, sigue girando y me deja mirar hacia la izquierda, puedo ver todo el carril que hemos seguido y a la silueta de Joa sobre Camino, a las montañas que se levantaban, a esos peñascos de rodeno en los que nunca había reparado y noto como las primeras gotas de sudor resbalan por mi frente..., trato de relajarme, enderezo un poco los lumbares y sigo pedaleando cuesta arriba, trazando lentamente las curvas y viendo por delante como el trazado de la pista gira a derechas y sigue trepando por la ladera de la montaña, en un giro cerrado y repleto de surcos y roderas..., las que ya tengo frente a mi, me abro a izquierdas, cargo el peso sobre el manillar, pero sin llegar a levantarme y sigo ascendiendo, trazando el viraje y viendo la tierra apelmazada bajo los tacos de la Michelín, de un color extraño, ni blanco ni rojizo, otra veta que surge del interior de la Calderona..., me hago a un lado, saco un pié, también la cámara y tengo el tiempo justo de enfocarla.
- ¡Ábrete y cuidado con las roderas....! -le advierto mientras le hago la foto.


Encara el fuerte repecho, salva con gracia las grietas que cortan la curva y sigue hacia arriba. Arranco tras ella, observo cu cuerpecito agalgado y su pedaleo rápido moviendo el plato de 22 dientes y durante un rato voy tras ella, mirándola y viendo también las florecillas amarillas de la manzanilla, iluminan los bordes del camino y me hacen sonreír, distingo tambien una mata de rabo de gato..., creo que en infusión tiene propiedades antiinflamatorias.


Ya vemos como llega la pista, por nuestra derecha desde la Font del Poll, ya casi hemos coronado, distinguimos los abetales de Tristan y las parcelas de pinos reforestado, pasamos sobre el lecho seco del charco que durante todo el invierno ha estado inundado y la sombra nos cobija ya en el cruce de caminos, paramos y me quedo observando una de las matas de manzanilla.

- Pues le voy a hacer una foto...


- Venga..., tu sigue con tu reportaje -me anima Joa bajándose también de la bici.

Un par de insectos se mueven sobre las flores, trato de enfocar muy de cerca, pero no se si saldrá bien, la fotografía no es mi fuerte..., oprimo un par de veces el disparador y noto a Joa cerca de mi..., el olor, el calor que desprende su cuerpo, su respiración...
- Y esto es hipérico..., bueno, hipérico perforatun... -me explica rozando con sus dedos otra flor amarilla, de estrechos y alargados pétalos perforados.
- ¿Eso es hipérico...?.
- Si, si..., no soy una especialista, pero si que es hipérico.
Observo durante unos segundos la humilde planta y vuelvo a sentirme sorprendido.
- Se supone que es antidepresivo... -murmuro.


Y recuerdo aquel paseo con Patricia, por los alrededores del chalé, sentí la misma sorpresa que en estos momentos cuando mi amiga identificó una mata espinosa como “espino blanco”..., una planta de excelentes cualidades cardiotónicas..., y estaba allí mismo, igual que ahora, rodeado de plantas, de matojos de aspecto duro y correoso pero medicinales, igual que estas manzanillas, que el hipérico, con estos mismos pinos que nos dan la sombra. Las abejas utilizan sus resinas para procesar sustancias, como el propolis que utilizan para proteger sus colmenas del ataque de hongos y virus, yo también lo he consumido este invierno en forma de jarabe y me ha funcionado, bueno, junto a unas generosas dosis de equinacea, otra planta milagrosa..., y es curioso, siempre han sido ellas, las mujeres quienes me han descubierto esas plantas que nuestros ancestros utilizaron para curarse las heridas, las enfermedades..., desde hace miles de años, mientras los hombres cazaban ellas recolectaban alimentos vegetales o cazaban pequeños mamíferos como conejos o ratones de campo, recolectaban plantas, musgos, líquenes, brotes. En algún momento de nuestra prehistoria ellas descubrieron la relación entre aquel ungüento, entre aquella bebida caliente, entre aquel caldo de hojas y la sanación de ellas mismas, de sus hijos, de sus parejas...

- Hipérico... -vuelvo a murmurar- es increíble..., todo esta aquí o allí...-susurro señalando hacia los picos azulados y escarpados de la Sierra de Espadan, entre las ramas bajas y los troncos del pinar que cubre los alrededores del refugio de Tristan y La Mina- y no en las farmacias..., bueno y ahora toca bajar.
- ¡Bien...! -ríe Joa, cubriéndose con su cortavientos y revisando las gomas elásticas que aseguran su bolsita al transportin de Camino- es que voy empapada.
Volvemos a montar y bajo la sombra de las coníferas vamos salvando el ultimo repecho que sube hasta los mismos muros del refugio, lo dejamos a nuestra izquierda y nos asomamos a la otra cara del valle, de nuevo Espadan surge recortándose contra un cielo que sigue cubriendose de nubecillas desgarradas y empujadas por el mismo viento que nos recibe en el alto. Siento un escalofrio y miro a Joa.
- Venga..., a bajar.
Ella sonríe, vuelvo la vista hacia el camino, doy unas pedaladas, cambio al plato de 44 dientes y las bielas comienzan a girar cada vez con más facilidad..., hasta que dejo de pedalear y las ruedas se lanzan cuesta abajo girando sobre sus cojinetes frenéticamente, el viento se roza contra mi rostro, mis antebrazos vibran con los baches y me sujeto, como siempre al sillín con los muslos, repartiendo el peso entre los dos neumáticos. Los remolinos de aire zumban en mis oídos y la Bicipalo se estremece cuando atravieso el surco, cuando rebota contra las piedras y las suspensiones absorben parte del impacto..., veo ya la bifurcación y voy frenando, mis dedos índices presionan sobre las manetas de magnesio y las zapatas se cierran contra los flancos, los horquilla delantera se hunde y pierdo velocidad hasta parar, desencajo una cala y giro la cabeza. Veo a Joa bajando y tras ella a un Ford Focus C-Max azul marino siguiéndola.
Me alcanza y para a mi lado, el monovolumen llega tras ella, aminora y el conductor nos saluda con la mano.
- Bon día... -contesto y miro a Joa- desde aquí, la vista de la Jabonera es acojonante ¿eh..?.
Miramos hacia la pista que sale a nuestra izquierda, se ondula entre los fragmentados bosquetes de alcornoque que nos rodean y empieza a remontar, desaparece entre las copas del pinar y en el ultimo tramo se vuelve a hacer visible, pero distorsionada como por la calima y elevándose hacia la cima, como si ascendiera casi en vertical.
Joa vuelve a beber y mira hacia la cuesta.
-La primera vez que vine fue con la peña de Moncada y me dio miedo..., pero luego no es tanto.
- El tramo final es algo cansino..., hala, a seguir bajando..., ahora ten cuidado que el camino esta un poco suelto, hay bastante gravilla.
- Bien.
Empujo el pedal con apenas unas vueltas de las bielas ya voy acelerando, vuelvo a levantarme y la Bicipalo se lanza perdiendo altura y dejando el sol al otro lado de la montaña que crece a nuestra derecha, se eleva cubierta de monte bajo y la pista se desploma grisácea y repleta de bancos de piedra suelta, los tacos de las Michelín parecen flotar sobre las piedrecillas y freno en la curva, trazo y vuelvo a pedalear. Descubro la silueta del C-Max unos metros por delante, percibo el olor de la tierra entrando por mi nariz..., sigo bajando y casi echándome encima de su portón trasero. Es una imagen muda, no escucho su motor, solo los crujidos de la Primigenia, el golpeteo de la cadena contra la vaina, las turbulencias en las orejas..., destellan sus pilotos de freno y se hace a un lado, para y me deja paso. Freno un poco y paso entre él y la ladera que cae a mi izquierda, le rebaso y levanto la mano agradeciendo el gesto..., unas pedaladas mas y vuelven las vibraciones, la velocidad, el murmullo intenso, los ruidos del descenso y los remolinos de aire entre el casco y mis sienes, la curva, freno y trazo a derechas..., la pista se ensancha, llaneo y vira a izquierdas..., vuelvo la cabeza y veo a Joa algo distanciada pero siguiéndome.
Los radios de las llantas no se ven y la imagen del neumático se distorsiona con los incesantes rebotes, el caucho se desplaza sobre la tierra y pulveriza esos granos, los hace pequeños y el aire desplazado los eleva, el chasis de la bicicleta tiembla y se revira en medio de esa nubecilla y la tierra se pega a ella, se adhiere a las chorreones de la bebida isotónica que con los baches supura por la boquilla y resbala hacia el Gran Bisonte, se pega sobre el sudor de las espinillas, sobre el culotte, sobre el maillot, sobre mis gafas de sol, sobre mis ojos pero el parpado baja y sube, limpia mi retina y en décimas de segundo vuelvo a ver las cimas de Espadan a punto de desparecer con el descenso largo y sinuoso. Las lomas y el pinar vuelven a llenar los horizontes, los campos de olivos en los bancales que ocupan los hondos, algunas parcelas de almendros y la casita de piedra levantada justo en el desvío a izquierdas...,

...voy frenando, pierdo velocidad y echo pie a tierra, regresa el silencio, la calma, puedo escuchar mi respiración y las llamadas de algunos pajarillos..., vuelvo a sentir una ráfaga de viento y percibo el rumor de una rodadura, miro hacia la pista y descubro a Joa llegando, sonriendo y tapada con el paravientos.

- ¡Buenooo, vaya bajadita has hecho...!
Para a mi lado y veo que busca algo en el transportin, pero sin volver la cabeza, parece un gesto reflejo..., y deja de sonreír, mira hacia él y exclama.
- ¡Ay, que lo he perdido todo..., el móvil, las llaves del coche...¡, ¡ se me ha caído la bolsa...!.

















































viernes, 3 de julio de 2009

DIARIO DE HOMO: ¿Donde quedaron mis ilusiones, mis alegrias, mis emociones...?

A veces alguien hace sonar un claxon, giras la cabeza y descubres que es un amigo que te saluda, sonríe desde la ventanilla y sigue conduciendo. Tengo una vecina, se llama Inma y conduce un enorme Discovery, aparca en el garaje que hay frente a la carpintería y muchas veces, si yo ando trasteando por la puerta, me toca el claxon, yo la miro y entonces me saca la lengua, se carcajea después y yo le digo.

- ¡Qué no me saques la lengua así que pienso cosas malas...!, dichosas casadas... -termino murmurando.

Aún se ríe mas, su hija Tania, también se ríe, pero comedida y tímida, Mario, su hijo pequeño, sigue jugando con su gameboy y poco después desaparecen en la plaza subterránea..., como siempre, entro en el taller y recuerdo aquellos toques de claxon con que mi padre anunciaba su llegada al chalet, todos los miércoles de Julio..., llegaba con su Seat 124 blanco, pues hace unos 30 años, el último modelo, aquel de faros cuadrados y con los pilotos traseros mordiendo parte de las aletas traseras.


Cuando escuchaba aquellas “pitadas” dejaba lo que estuviera haciendo y salía corriendo a abrir las puertas..., pero algunos de aquellos miércoles llegaba a intuir la llegada de mi padre, me quedaba quieto, orientaba las orejas hacia el camino y percibía, unos segundos antes de que tocara el “pito”, el crujido de las piedrecillas y el sonido de aquel motor de 1200 cc con los que la marca española propulsó miles y miles de sus modelos.

Mi hermana Mónica y yo en la terraza de aquel primer chalé, frente

a la Sierra Calderona..., por entonces azul, distante, inaccesible.

Mi corazón se aceleraba, me faltaba la respiración y la alegría me desbordaba, mi hermana Mónica y yo abríamos las puertas, correteábamos alrededor del coche y saltábamos sobre él cuando le dejábamos salir..., pero hace ya tanto tiempo de aquellas emociones, de aquella alegrías que últimamente me preguntó, ¿dónde han quedado aquellas risas, nuestras palabras entrecortadas, nuestras vocecillas, nuestras ilusiones...?, ahora es mi padre el que sonríe, el que está pendiente de mi llegada, él que me confiesa lloriqueando que se preocupa mucho cuando me voy en bici o cuando conduzco.

Se que reconoce mis pasos cuando subo por las escaleras, él yace en su cama, sin poder levantarse, sin poder subir o bajar la persiana, sin poder apagar el ventilador de madrugada, cuando aún refresca y yo ya he bajado a la carpintería.

Reconoce mis pasos, los escucha a través del patio de luces, el tintineo de mis llaves colgando del mosquetón o el murmullo que a veces me acompaña, mis canturreos guturales, mi caminar cansino atravesando el pasillo hasta que llego al dormitorio que compartimos..., es la rutina de los últimos cinco años..., abría el maletero del 124, le ayudábamos a descargar la compra y unos minutos después mi padre se lanzaba a la piscina, se atizaba un barrigazo que salpicaba por fuera del rompeolas, Mónica y yo también saltábamos a la piscina, él nos izaba, nos apoyábamos en sus hombros y lo utilizábamos de trampolín..., me zambullía, braceaba como me habían enseñado en el Club de Natación Ferca de Valencia y emergía resoplando, sonriendo, tirando agua por la boca, riendo..., emerjo y veo a Norton y Mía mirándome desde la piedra de coronación, he crecido, han pasado los años, tengo 43 años y estoy solo en la piscina. No es la misma piscina de aquellos baños de la infancia, aquel chalé se vendió pero la curiosa personalidad de mi padre le hizo comprar otro terreno justo frente al anterior.

Mónica y yo, parezco una carpa boqueando..., en la piscina

olímpica del Club Natción Ferca de Valencia, allí aprendimos

a nadar mis cuatro hermanas y yo.

Salgo del agua y me doy una ducha sobre el rodeno rojo, siento un escalofrio. Hoy ha amanecido un día envuelto en nubes marinas, ha impregnado el ambiente de humedad y me ha hecho sudar bastante en la pedalada..., pero ahora la brisa de levante aún sopla fresca.

Observo las aguas y recuerdo aquel primer verano después del infarto cerebral de mi padre, aún lo metimos en la piscina, le obligamos a moverse de una orilla a otra, siempre a media tarde, bajo el ardiente sol vespertino..., Mónica y yo estábamos de nuevo a su alrededor, bueno y a veces las cuatro hermanas y mi madre, atentos a sus torpes movimientos, al agua que salpicaba su rostro, a sus expresiones de miedo cuando se escoraba o perdía pie...

Creo que ya nada me alegrará nunca como el sonido de aquel claxon..., pero también debo de asimilar que es normal, la vida nos va dejando cicatrices en la piel y en la mente, en nuestros recuerdos. El paso de tiempo nos va cargando de problemas, de responsabilidades, de angustias..., nos afectan de distintas formas, a cada persona de una manera..., a mi simplemente me han hecho perder la ilusión, la alegría, la emoción..., y este invierno ha sido cuando me he dado cuenta, mis bajones de ánimos, mis momentos posado en el fondo de mis lodos mentales, de mis demonios, de mis miedos, de mis cambios de personalidad..., me he sentido aturdido, algo desorientado y he llegado a aceptar que algo debe haber cambiado en mis neurotransmisores, en mis formas de interpretar la realidad, en la forma en que mi mente interpreta las señales eléctricas que le llegan desde el nervio óptico. Lo único que me va consolando y animando son los consejos de las personas que me aprecian, los empujones que me dan cuando me quedo quieto y enturbiado, los comentarios en el blog o los extraordinarios mails de Maleni, siempre positivos, simpáticos y cargados de razón, de vida, de alegría..., bueno y ¿como no...?, las pedaladas por la Calderona, dos de las tres ultimas en compañía de Joa, una nueva amiga hecha a golpe de pedales, me pidió agua en el aparcamiento de Porta Coeli y ese fue su error..., Bicipalo no perdona a una mujer ciclista que se dirige a él..., je, je, je.

No se..., me da la sensación de que he vivido muchas cosas..., cuando realmente mi vida ha sido anodina y previsible, trabajo en la misma calle en la que nací, tuve una relación en la misma calle y siempre hago las mismas rutas con la bici o cuando corro..., a la vuelta de estos 43 años creo que soy capaz de hacer una previsiones, unas proyecciones sistemáticas sobre todos los acontecimientos que se asoman a mi vida. Visualizo en mi mente lo que aún no ha ocurrido, vivo esos momentos y enseguida descarto la alegría o la emoción que precede a cualquiera de esos acontecimientos en ciernes..., ni siquiera me excito con los procesos de rastreo, búsqueda, persecución y caza..., todo eso lo hago en mi mente y después miro hacia otra parte y murmuro “¿para que...?”.

Pero..., si me da la sensación de que he vivido muchas cosas..., ¿qué pueden pensar mis padres...?, ¿cuáles serán sus expectativas y sus previsiones...?, ¿qué pensarán cuando ven las fotos que ahora mismo estoy ojeando...?, si yo estoy aburrido, algo desalentado con estos 43 años de vida..., ¿que pueden sentir ellos después de mas de 80...?. Les observo y siguen viviendo, siguen atentos dentro de sus limitaciones, desde luego no parecen aburridos. Mi madre es consciente de su vejez, sabe que poco a poco va perdiendo la memoria, aunque no creo que de se cuenta de sus fijaciones, realmente síntomas del Alzheimer, de la demencia que lentamente la lleva hacia el olvido, en el mejor de los casos. Mi padre ha creado su mundo, sigue creyendo que andará y que volverá a bajar a la carpintería, incluso me dice si el podría conducir un Smart..., en esos momentos cabeceo y le digo “si hay automáticos, si...”, él parece tranquilizarse y me contesta que cogerá a la mamá y se irán juntos al chalé, así yo podré trabajar tranquilo.


Mi abuela paterna, no tengo recuerdos de ella..., la que sostiene
la pelota debe ser Rosalia, la mayor, la primogenita. Al fondo se
ven los esqueletos que hacia mi padre, en el mismo taller en el
que yo sigo trabajando. Por entonces vivian en el bajo y se trabajaba
en el patio trasero.



Mis hermanas mayores, Rosalia, Conchin y Alicia..., yo en el carrito
y tras ella el Dauphine de mi padre.




Realmente no se lo que me está ocurriendo, a veces temo que sean señales de algo preocupante otras pienso que se trata simplemente de la edad, de las circunstancias de mi vida y las veces que estoy alegre, contento u optimista, creo que simplemente he madurado y que después de mas 40 años de vida ya he vivido casi todo lo que una persona sencilla puede vivir, de manera rutinaria y sin haber salido prácticamente de su calle, donde nació y donde veía y escuchaba a aquellos vencejos que aún hoy sigo viendo.


De nuevo mis hermanas, sentadas sobre la misma máquina
que aún hoy sigo usando, robusta, duradera, fabricada a conciencia.






Mi padre junto a una de mis hermanas..., ¿será Rosalia...?, en
medio de sillones, de banquetas, de viruta, de serrín....




Últimamente, cuando suena el telefono en la carpintería y me hacen un pedido suelo pensar, “bueno, con estas seis sillas tengo para dos días...”, todo es previsible, todo lo anticipo, acertada o neuróticamente deformado. Cuando algún tapicero me dice que saque plantillas de tal o cual sofá, porque “se van a hacer mas”..., se que están mintiendo..., realmente, salvo los accidentes o las enfermedades, la vida es tan previsible..., que me agobia, a veces quiero creer que no puede ser tan lineal, tan predecible..., por eso trato de mejorarme, de crecer, trato de buscar algo que me haga verla de otra forma..., cuando estoy animoso, desde luego.

Pero bueno..., hay que continuar y creo es momento de empezar a aplicar mis criterios en ciertas facetas de mi vida, a partir de julio me gustaría aplicar la jornada intensiva. Llevar a mis padres al chalé y yo bajar a Valencia para abrir el taller a las 7 de la mañana, trabajar hasta las 3 y subirme después a Los Pinares. Si el trabajo continua así de “flojito” creo que podré hacerlo, incluso me atrae mucho la idea de hacer unas cuantas horas mas los jueves y tomarme los viernes libres..., pero lo dicho, si el trabajo lo permite y si no cambio de opinión al releer estas líneas, que también podría ocurrir..., si es que no ha ocurrido ya.

Recuerdo lo feliz que fui en el chalé el verano pasado..., fue el mejor estio de mi vida y me gustaría volver a pasarlo igual. Los días se sucedían soleados, encalmados, entre ciclismo de carretera y montaña, entre los paseos con la manada, entre cafeses y cafeses y sin apenas ropa, tan solo un calzoncillo tipo bóxer y las sandalias del pescador. Tenía uno de esos calzoncillos colgado permanentemente en el tendedero y después del baño del atardecer me lo cambiaba y colgaba el mojado, me duchaba desnudo frente al ventanal de la cocina y algunas veces escuchaba el griterío de mis hermanas. Después una cena ligera con mi padre, acostarlo y esperar un nuevo amanecer, una nueva pedalada que incluía un beso a la “Niña Cazadora” a través de la cerca de la vía de servicio, algunas de esas mañanas sus labios sabían a café con leche y entonces le decía.

- A ver, dame otro beso y así desayuno otra vez.

Si..., fue un verano inolvidable, sencillo, tranquilo, relajado.














viernes, 26 de junio de 2009

¿ALGUIEN SE ACUERDA DE LA TERRORIFICA GRIPE A...?







¿Alguien se acuerda de la enorme pandemia, que según el director en funciones de la OMS iba a provocar el contagio de mas de un tercio de la población mundial en el 2010...?, los medios de comunicación desde luego ya no se acuerdan, abren sus emisiones con los nuevos fichajes del Real Madrid, con el papel de la “roja” en Sudáfrica o con monográficos sobre los pleitos que nuestras famosas han ganado o perdido contra las revistas que publicaron fotos de ellas en top-les..., pero la revista Discovery Salud si se acuerda y titula su portada del mes de junio, “La verdad sobre la gripe A”, Rafael Palacios desarrolla un inquietante informe en el que nos refresca la memoria y en la que nos señala hacia la omnipoderosa industria farmacéutica como creadora y distribuidora de estas cepas de laboratorio, de estas creaciones víricas cuyo único fin era generar el pánico y un alud de de vacunaciones, millones en todo el mundo.


Realmente, mientras leía el articulo, afirmaba y cabeceaba dando toda la razón a quien firmaba un post que a mas de uno le parecerá de ciencia ficción pero que a mi me parece tan real como coherente y cargado de argumentaciones serias y dignas de tener en cuenta.


El periodista nos señala hacia una serie de fechas y de actividades, hacia unas coincidencias curiosas, unas casualidades que mueven a la duda y para eso se apoya en las averiguaciones de un conocido investigador y viejo conocido de la industria farmacéutica, Leonard Horowitz, autor de un libro de titulo angustiante, “Virus emergentes: Sida y Ébola. ¿Naturaleza, accidente o intención?”..., y de la mano de este hombre, que es master en salud pública de Harvard, empieza a tirar de un hilo, bastante recio que conduce hasta los laboratorios secretos de algunos de las compañías farmacéuticas más poderosas del globo, cita a Novamax como principal instigadora de este trasiego de virus modificados genéticamente a partir de virus reales como los de la gripe española o la también olvidada y temida gripe aviar, denominada H5N1 y finalmente la gripe porcina.


Se suponía que esta ultima iba a acabar con un tercio de la población mundial ¿no...?, también se suponía que surge en una población rural y deprimida de México, realmente en una granja porcina..., según todos las televisiones del mundo, hasta el punto se difundió la mentira que Rusia prohibió la entrada en su país de productos derivados del cerdo, recuerdo también que en un país de Oriente Próximo se acabó con todas las piaras, se recomendó no viajar a México y consumir el famoso Tamiflú, que casualmente ya estaba disponible después del descalabro de la famosa gripe aviar, otra creación de laboratorio, según Rafa Palacios, para fomentar el pánico entre la población y provocar ese aluvión de vacunaciones absurdas, inútiles pero lucrativas..., que era el deseo de la OMS y de la industria farmacéutica, en este caso de los laboratorios Roche...,pero no funcionó la pandemia y ahora al cabo de unos años generan un nuevo virus, a ver si de una vez consiguen esa vacunación global y planetaria, como diría Pajín.


Y volviendo a los cerdos, pues parece ser que todos los cerdos de esa granja porcina de Perote, en el estado de Veracruz, estaban vacunados y en perfecto estado de salud..., difícilmente podían contagiar algo de lo que ellos mismos no lo estaban, no obstante, la consultora norteamericana que acudió a la pequeña y humilde población mexicana aisló con pasmosa rapidez, habilidad y precisión ese nuevo virus que bautizarían como gripe A, los cerdos eran inocentes, sin embargo, si el foco de la hipotética pandemia estaba allí, en ese poblado ¿cómo se explica que se propagase de esa forma tan rápida...?, al periodista le encanta esta pregunta y se responde así mismo con una ironía realmente incontestable, “... en apenas unos pocos días ese contagio se trasmitió a medio mundo porque como todos sabemos la gente pobre de los pueblos mas pequeños de ese entrañable país viaja mucho y a menudo al extranjero en avión”.


A partir de aquí el reportaje de Discovery Salud nos habla de las posibles tácticas de los laboratorios para dispersar esos virus, sobre los que poseen las patentes de sus técnicas genéticas para desarrollar los virus y de las vacunas, obviamente no van a provocar contagios para los que no tengan ya soluciones. Rafael Palacios nos habla de los conocidos como “chemtrail” que traducido al castellano sería algo como “rastroquimico”, en referencia a las estelas que dejan los aviones en el cielo. El periodista cuenta como ya desde el año 1997 se empieza a teorizar sobre las apariciones de estelas mas anchas de lo normal, mas espesas..., distintas a las dejadas por los reactores comerciales, nos recuerda que en los días 24 y 25 de abril, aparecieron numerosas de estas misteriosas estelas en los cielos de México y España, la epidemia se declaro oficialmente el 24..., voy a admitir que esto de las estelas de condensación me “chirría” un poco, imagino que las características de estas huellas dependerán de la altura, del la temperatura del aire, de la presión atmosférica del momento, de los vientos, del tipo de combustible quemado... y creo que tampoco sería muy difícil cotejar estos datos y después rastrear que tipos de vuelos y que orígenes tenían..., pero bueno, llegados hasta aquí rebrotan las dudas, si la supuesta pandemia surge en ese pueblecito de Veracruz, ¿cómo es posible que los estudiantes españoles que estaban en la Riviera Malla se contaminaran....?, ¿es que acaso el viaje incluía una visita a la granja porcina con cata de purines incluida...?


En el reportaje también se cita el suceso protagonizado por los laboratorios Baxter y que parece ser que es real, pues los mismos laboratorios emitieron un comunicado tratando de explicar porque se mezclaron cepas de la gripe aviar con un lote de vacunas con destino a Suiza, esto no dejaría de ser un posible error si no fuera porque el recipiente especial refrigerado que contenía las muestras estalló en el tren poco antes de llegar a la estación de Friburgo..., desde luego yo no me enteré de este incidente ¿y ustedes...?.


Rafael Palacios continua en su articulo cargando contra la industria farmacéutica, arremete también contra políticos de los Estados Unidos, llega incluso a señalar al intocable Al Gore, Sarkozy aparece firmando un acuerdo con el gobierno mexicano en el cual se compromete a invertir en el país 100.000.000 millones de euros para invertir en la construcción de laboratorios y en la financiación para investigar en vacunas y en retrovirales, previendo las futuras pandemias que pueden amenazar a la humanidad..., un mes después de este acuerdo se declara oficialmente la pandemia de la gripe porcina. Futuras pandemias o contagios que, según los datos recabados por el periodista..., parecían ser de dominio publico, nos relata como un investigador mexicano declara que el Fondo Monetario Internacional advirtió de la posibilidad de una pandemia hace ya tres años. Y siguiendo con una serie de curiosas previsiones, en 1996, las fuerzas aéreas norteamericanas publican un informe en el que ya anuncian que en 2009 podría darse un brote pandémico que podría infectar a mas de 30.000.000 millones de personas...,


Finalmente, Rafael Palacios se pregunta si la gripe A es realmente tan peligrosa como para alertar al mundo entero y después de entrevistarse con varios investigadores llega a conclusiones pasmantes, también nos brinda unas cifras para que reflexionemos, en EE.UU. mueren al año por gripe estacional, unas 20.000 personas y en el planeta unos 500.000..., la gripe A ha matado a 72 personas según las fuentes oficiales. No obstante..., nos sigue contando el periodista, la OMS considera a este virus tan peligroso que ya ha sentado las bases con distintos laboratorios para fabricar, cuando ellos den la señal..., (según un portavoz británico, la gripe se recrudecerá este otoño, con mas fuerza)..., mas de 5.000 millones de dosis, solamente dos meses después de que aparezca esta gripe A prefabricada.


A Rafa Palacios le sorprende que esos mismos laboratorios no han sido capaces durante décadas de fabricar una vacuna definitiva contra la gripe otoñal y sin embargo, en dos meses ya son capaces de vacunar al mundo mundial contra un virus teóricamente “nuevo”.


En fin, os aconsejo que leáis el artículo, imagino que en la versión digital de Discovery Salud podréis encontrarlo. www.dsalud.com.



viernes, 19 de junio de 2009

ADOQUINANDO EL CARRIL-BICI Y OTROS DESMANES URBANISTICOS EN LA VALENCIA DE LA COPA AMERICA.



Cuando salgo del portal en el piso de Valencia me encuentro con el contenedor de basura..., no veo el pasto amarilleado ni a Norton ni a Mia saliendo a toda velocidad..., a veces rodeado de bolsas que las ancianas no son capaces de voltear en su interior. Hay que pisar esa palanca con un pie, dejarte caer sobre ella manteniendo el otro sobre la acera, entonces se abre la tapa, pero no demasiado..., en ese momento debes de levantar la bolsa por encima de tus hombros, algo que aun te desequilibra mas, eso si la artrosis te permite hacer ese movimiento, entonces dejas caer la bolsa y debes apoyarte de nuevo en el pie que sigue en la acera, flexionar y recoger el que pisaba el pedal.

Es un contenedor especial que solo puede ser izado por un monstruoso camión totalmente automatizado, tiene los brazos de carga por el lado izquierdo y el solito lo levanta, la vacía y lo vuelve a dejar en su sitio..., pero con la diferencia de que si hay algo, muebles viejos o esas bolsas de basura que alguien no ha podido “encestar”..., quedan debajo del pedal y lo atascan, entonces solo queda la opción de levantar la pesada tapa mano.

El camión arranca ruidosamente y cuando llega al final de la calle se encuentra con el “cuello de botella”en que las cuadrillas del “Plan E” han convertido el cruce con la calle Brasil, sus enormes ruedas se rozan contra el bordillo, colocado hace un par de semanas y se encuentra con que esa calle se ha estrechado salvajemente, gira torpemente y cuando vuelve a virar para entrar en la otra calle se encuentra con otro cuello de botella.

Se puede ver el caucho de los neumaticos impregnando unos bordillos

colocados hace un par de semanas.

En la foto de arriba se aprecia el primer "corte" que hicieron, obviamente

alguien les llamó la atención diciendoles que por ahí no iba a entrar ni un

monopatin..., tubieron que rellenar y retranquearse.

Aquí se ve ese pequeño escalon de refuerzo, sirve para separar

el coche de la acera, para estrangular aún mas el vial y para embalsar

el agua de lluvia..., el remate es perfecto.

Son las mismas obras con las que me encuentro cuando sigo caminando con el pequeño Cecil. Hace un par de semanas acometieron una absurda y demencial reforma de las aceras, enlosaron sobre las losetas que ya cambiaron en otra reforma, igualmente absurda y demencial, solo que esta vez han ensanchado algo mas las aceras y estrechado los cruces, dicen ellos, los ingenieros que eso se hace para facilitar el paso del peatón y para obligar a reducir la velocidad de los vehículos..., ya, ya, entonces por esa misma “regla de tres”, seria interesante reducir los carriles en las autopistas, de tres a uno cada doscientos o trescientos metros para obligar así a reducir la velocidad, o también sería interesante estrechar los carriles en todos los puntos negros de las carreteras españolas para obligar a sí a frenar y a tener que pasar de uno en uno ¿no?.

Y observando con detalle veo la mala calidad de los “acabados” y lo erróneo y disparatado de los trazados originales, veo también que han dejado una especie de contrafuerte, frente al bordillo a un nivel superior que el asfaltado, es ideal para no poder aparcar ceñido a la acera y para complicar el entrar y salir del coche. También observo que ese mismo escaloncito cubre el desague por los laterales de la rejilla. Si levanto la vista hacia la calzada también puedo ver como se ha estrechado el vial, de tener dos carriles bastante anchos, uno de ellos para el autobús, ha pasado a tener uno y medio, eso si con las aceras algo mas anchas y con unas 30 o 40 plazas menos de aparcamientos, a lo que hay que sumar que en las horas nocturnas se aparcaba en doble fila gracias a ese generoso ancho de vía, ¿que pasará ahora...?, y me resulta curioso que el gobierno valenciano de ayudas a la compra de coches pero al tiempo elimine plazas de la vía publica, me parece contradictorio y casi insultante.

Observando todos estos desmanes urbanísticos, todos estas chapuzas hechas a toda prisa y sin ninguna planificación, sin ningún estudio previo de la zona, sin tener en cuenta la dinámica del tráfico y la peatonal del barrio, viendo todos estos despropósitos contra el sentido común del pueblo, llego a la conclusión de que todas estas intervenciones se realizan desde los despachos del gobierno valenciano, las hace un arquitecto o un ingeniero que no ha puesto el pie en este barrio. Son tipejos que no han hecho el mas mínimo trabajo de campo “in situ”, no habría estado mal que hubiese estado un par de semanas intentando aparcar a determinadas horas, que hubiesen estado observando el trasiego de los vecinos, que hubiesen preguntado sobre las carencias urbanísticas del barrio. Igual así, habrían sido capaces de trazar un plan de mejoras y no una serie de obras entupidas y mezquinas, cuyo único fin es el de cobrar el mayor numero de comisiones posibles y el de convencer a la población de que nuestra alcaldesa se preocupa por nosotros..., coño y el caso es que lo consigue, nuestra populista Rita, aunque no lo tiene difícil, uno se puede ganar al pueblo valenciano fácilmente, con financiar las fiestas patronales, con promocionar los festejos taurinos en la calle o en los puertos, con plantar cara a las normativas europeas sobre el uso de la pólvora y los productos pirotécnicos, con dar manga ancha a los falleros, para que cometan todo tipo de abusos y tropelías durante las Fallas, es decir desde el día 1 de marzo hasta el 20, eso incluye cortar calles, montar discomoviles en las calles hasta bien pasadas las 4 de la madrugada, emitir decenas de decibelios sin que nadie les sancione, ocupar las zonas de carga y descarga con las Cruces de Mayo ante la pasividad de las autoridades..., los valencianos nos conformamos con eso, bueno eso si y con la Copa America que nos ha hecho famosos en el mundo entero, junto a la Formula 1, que nos dignifica y nos convierte en una modernísima ciudad, incluso pionera en la sotenibilidad, en la promoción de la bicicleta, en la apertura de vanguardistas carriles-bici enlosetados...., si, si, nuestra alcaldesa esta levantado el firme de los carriles-bici y los esta cubriendo de losas.

Hace unas semanas me encontré con esa obra, ruidosa, polvorienta y realmente desacertada, iba con la Flaca, paré y le pregunté a un hombre con aspecto de capataz.

- Hola.., buenas tardes, discúlpeme..., ¿eso que están haciendo es para las bicis...?.

El hombre miró hacia sus empleados, los vió de rodillas, colocando las losetas rojas, después se giró hacia mí y sonrió.

- Si claro, es para vosotros.

- Ah..., pues el ingeniero se ha lucido, llenar un carril-bici de ladrillos...

- Eh, eh, eh... -se molestó el capataz- que nosotros hacemos lo que nos dice la Generalitat, eso es cosa de la alcaldesa.

- Ah...

Las losetas rojas cubriendo nuestro vergonzoso

carril-bici.... ¡¡viva la sostenibilidad...!!

Me dio la espalda y dio por terminada la conversación, observé durante unos segundos mas el despilfarro de medios y de dinero y volví escuchar en mi mente las palabras del capataz alterado “eso es cosa de la alcaldesa” no se, Rita Barberá no es la mujer de mi vida..., pero desde luego no me imagino a esta mujer ordenando semejante aberración, semejante ejercicio de estupidez municipal, de corrupción política, de favoritismo entre un conseller de urbanismo y un empresario del ladrillo al que se le quedaron colgados unos cuantos millones de losetas con esto del parón de la construcción, “no hay problema hombre -contestaría este conseller durante esa imaginaria conversación- tráete esas losetas y las ponemos en el carril bici, ¿son rojas, no?, pues hala, a si que como por el carril bici solo van los “rojos” y los antisistema que se jodan un poco los huevos con el traqueteo”.

Recuerdo que monté y seguí pedaleando hacia mi barrio, observando como esos operarios colocaban las losetas y sintiendo una extraña tristeza, algo de rabia y mucha rebeldía ante la forma en que nuestros políticos se están alejando de los verdaderos problemas del ciudadano. Ellos viven en sus despachos, bajan a la “arena” en época de elecciones y después vuelven a desaparecer, malversan nuestros impuestos, los dineros que les entregamos para que lo administren con honestidad y nos encontramos con los trajes de Camps, con las comisiones del “Bigotes” o con las losas en el carril-bici..., en esos momentos es cuando piensas “bueno, pues en las próximas elecciones no les voto o voto pero a los otros, a los sociatas...”, pero siendo serio y coherente, descubres con horror que al otro lado de la trinchera tampoco hay gente capaz, son los hijos del ultimo gobierno socialista, aquel ejecutivo que creo la LRAU, la canallesca y ruín Ley de Regulación de la Actividad Urbanística..., una ley que permitía y que sigue aplaudiendo y premiando a los promotores que presentan planes urbanísticos, los famosos PAI, en zonas que se recalifican ex profeso para ellos, incluyendo modestas o pequeñas construcciones legales. Cuando presentan estos proyectos, esos pequeños propietarios no pueden hacer frente a los abultados costes de urbanización y son expropiados, expulsados de sus casas, despojados de las tierras que heredaron de sus padres y estos de sus abuelos...., en la Comunidad Valenciana hay miles de casos así, de gentes humildes arruinados que han visto que donde tenían su casa hay ahora campos de golf y promociones de unifamiliares. Y de poco han servido las mas de 15.000 denuncias que hay en el tribunal de Bruselas sobre estos abusos urbanísticos, de la mano de Camps y Barberá, nuestra alcaldesa y nuestros sucesivos conselleres de urbanismo se han reído y mofado de las comisiones europeas que se han paseado por nuestra comunidad documentando esos atropellos, de nada han servido los toques de atención desde Europa..., a veces llego a pensar que si no se volvieron a Bruselas con algún unifamiliar regalado por esos promotores avispados y acostumbrados a sobornar a los facilones alcaldes valencianos.

Llego al barrio y tengo que frenar ante el chapucero “paso de cebra” que han pintado a toda prisa frente al nuevo colegio habilitado en la antigua Cárcel Modelo de Mujeres de Valencia..., que por cierto, el día de la inauguración fueron retirados mas de una docena de coches, por la grúa municipal, para que los vehículos oficiales pudiesen aparcar a la primera, sin tener que dar varias vueltas a la manzana y sin temer a que el humillante smart de la policía local les sacase fotos compulsivamente como quien fotografía a la vecina en pelotas furtivamente. Ahí se juntaron todos los peces gordos, desde Rita hasta Font de Mora, sin la menor vergüenza y saludando al populacho que sonreía y aplaudía atontado y ciego ante el poder..., solo faltó que les ofreciésemos bebidas frescas o pollos o faisanes o a nuestros bebes.

Observo el enorme bordillo que las madres tienen que salvar para poder subir a la acera, tienen que levantar los carritos y hacer maniobras para poder cruzar, la misma dificultad tienen los abuelos que llevan a los crios al colegio, para subir o bajar..., y sin embargo, a menos de 80 metros de este mismo cruce se están gastando miles y miles de euros en ampliar las aceras y en estrechar los viales, en acabar con las escasas plazas de aparcamiento y en dificultar las maniobras de cualquier vehículo pesado, incluidos los del servicio de recogida de basuras..., pero al final llego a la carpintería, entro en mi solitario taller y comprendo porque me gusta perderme en la Sierra Calderona o dar paseos con mis perros por los pinares..., en esos entornos aún se ve poco la mano de los políticos, esas manos sucias y falsas que todo lo corrompen y carroñean.



































domingo, 14 de junio de 2009

DIARIO DE HOMO, Dando un paseo con Norton y Mia, como otras tantas veces.

A las tres de la tarde y a 30 grados..., no es el mejor momento para dar una vuelta a los perros, pero Norton y Ojos de Miel han salido disparados del chalé y han echado a correr hacia el pinar nada mas abrirles la puerta.



Al poco les alcanzo y veo la pista forestal como se alarga blanquecina y reseca, entre los pinos, casi con su verdor velado por el sol llameante, incluso el cielo aparece blancuzco, descolorido, inundado con esa luz que también enturbia los perfiles de la Calderona.

Empiezo a percibir el calor en mis antebrazos desnudos, bronceados después de la salida en bici con Joa, la semana pasada. También en mis pies, apenas cubiertos por las sandalias, lo noto en mi rostro y en mi garganta, en la laringe al aspirar el aire caliente, aunque tampoco demasiado, sopla de levante pero sin la frescura que en verano hace las tardes y las noches más llevaderas, aquí, en el Pla de Colom.

Sigo caminando, observando y sintiendo como si el bosque y la naturaleza sestearan, no escucho ese zumbido de las abejas recolectando, tampoco las llamadas de las aves ni el trasiego de algún reptil entre los pedregales y desde luego ningún conejo que alegre el paseo a los chuchis..., solo homo y los canidos, que ya jadean y que ya buscan las sombras de los

pinos. Me miran con sus lenguas colgando, jadeando, sin el ritmo de este invierno pasado, sin la alegría de la primavera...







Corono una suave lona y me vuelvo hacia la Calderona, aparece de un azul diluido, la veo difusa y calurosa, allí en la distancia, solitaria, silenciosa, sintiendo la llegada de los calores, de los largos días de verano..., esos que pasé aquí en el chalé, con mis padres, sin mas preocupaciones que la de atenderles y la de recargar la cafetera cada dos por tres, saliendo con las bicis entre cuatro y cinco días a la semana y dando dos paseos al día con Norton, con Mia, con Tora y con el pequeño Cecil. El del atardecer me gustaba, salíamos con el sol casi puesto, llegábamos hasta esta misma loma y como ahora mismo, me volvía hacia ella y la observaba encendida con el resplandor del ocaso, o ya oscura y envuelta por las nubes marinas. La observaba casi sin ropa, con un pantaloncito corto y con las sandalias como única vestimenta, escuchaba las llamadas de los mochuelos y regresaba al chalé..., al día siguiente, volvía a sonreír al amanecer, preparaba el café, daba de desayunar al papá y después me iba con la Flaca, con la Bicipalo o salía a correr con los “bichos” ladrando y alborotando a mi alrededor.

Durante el invierno eché mucho de menos este verano, de hecho usé esos recuerdos para animarme, para sonreír, para no desfallecer durante esos días de lluvia, de frío, de viento..., para no dejar que la falta de trabajo terminara por arrinconarme, por asustarme..., pero bueno, las fríos ya han pasado, ya duermo encima de la cama, sin taparme y sin camisa, me encanta madrugar, aunque sea en Valencia, percibir esa calma que precede a la actividad de la ciudad, al rumor del tráfico, al estrépito desagradable y demencial de las obras en la vía publica..., pero bueno, los fríos ya han pasado, las escarchas ya no cubren las hojas y tallos rastreros, el vapor condensado ya no mana de las bocas de Norton y Ojos de Miel y el charco de la pequeña hondonada, que permanecía inundado, aparece cuarteado y seco, sin una gota de agua, sin las abejas bebiendo de él y sin Mia atravesándolo a la carrera. Pero se que parte de la vida unicelular que lo ocupaba permanece ahí, entre esos barros pulverizados o en la humedad que aún no se ha evaporado ni absorbido unos centímetros bajo esa superficie calcinada..., los eternos ciclos de la naturaleza.

Ahora el monte me mira mudo, ya algo reseco y con sus verdes apagándose,..., menos la centaurea, creo que también la llaman “hierba de San Pedro”, que florece tardíamente, fresca y lozana, con sus pétalos rosados junto al pasto que ya amarillea y que ya ha esparcido sus espigas al viento o clavadas en la lana del ganado que de vez en cuando atraviesan estos bosques, aislados entre carreteras y urbanizaciones.





Miro a mi izquierda y veo que ya se han llevado las colmenas, recuerdo que hace unas semanas vi a los apicultores manejándolas, me sorprendió verlos con sus trajes blancos y con las cabezas cubiertas con los sombreros enrejillados. Las abejas andaban alborotadas y caminé entre ellas, con algo de miedo, pero sin hacer ningún gesto brusco, poco a poco me fui alejando..., como ahora mismo.

Es curioso, debería estar trabajando, es jueves y la verdad es que en estos últimos días me han entrado unos cuantos pedidos..., pero sigo subiendo aquí a pasear a Mia y a Norton, de la misma forma que todos los miércoles, incluidos los invernales, salgo con la Flaca después de comer a hacer unos 60 kilómetros, me doy una vuelta por la carretera de las Canteras, disfruto de sus pinares, de la soledad de una preciosa ruta, del silencio..., y regreso a la ciudad, a Valencia, a la carpintería y sigo trabajando.

Desde que estoy solo me organizo a mi aire, en invierno suelo ir a correr a las doce de la mañana, el sol invernal es un regalo para mi organismo, me sienta bien, después una sesión ligera en el gimnasio, la ducha y de nuevo al trabajo. Los clientes me van entendiendo poco a poco, al principio se escandalizaban de mi actitud..., como “poco seria” ante mi negocio, pero año tras año, desde el ictus de mi padre, han comprobado que esas pautas les benefician tanto a ellos como a mi, estoy mejor anímicamente y afronto los pedidos con mayores ganas. Es una forma de mandar sobre el poco espacio que me queda de vida personal, es una forma de elegir como afrontar el día a día mientras pueda hacerlo, no se durante cuanto tiempo podré disponer así de mi vida, no se si acabaré como trabajador de alguna carpintería o de peón de albañil, no se cuanto tiempo podré comer de mi trabajo..., por eso estoy dando este paseo con mis perros, a pleno sol y sintiendo y contemplando como la vivacidad de la primavera a quedado atrás, observando como amarillean los pastos y como quedan en pie los cadáveres marchitos de los esbeltos gamones o como surge de entre los roquedos ardientes, los brotes de la llamada “uva de pastor”, apenas si se distingue entre los grises de los cantos recalentados..., recuerdo las pedaladas de marzo, recuerdo el azul precioso de los lirios, las flores rosaditas y pequeñas de los tomillos, las margaritas de las estepas blancas y negras, el polen de los pinos amarilleando los horizontes...




Mia y Norton ya no corren, trotan por delante de mis lentos pasos y me esperan a la sombra de los pinos.

Nos metemos por el bosque, percibo como la pinocha reseca cruje bajo mis sandalias, agradecemos la sombra y bajamos al pequeño barranco, apenas de metro y medio de profundidad, descarnado y mostrando las enormes losas que subyacen bajo la tierra. Aún puedo distinguir los líquenes que forran las rocas, pero están secos y apagados, los colores aquí son pobres, apenas si hay contraste de tonos..., salvo los de esa adelfa que surgen rosados y alegres en medio del bochorno.










Dejamos la grieta, su leve frescor y salimos de nuevo al sol, y me encuentro con una simpatica mata de siempreviva, aún mantiene sus flores amarillas y todos sus tallos ligeramente inclinafdos.Nos movemos entre las matas de esparto que siguen mostrando sus largos tallos espigados, las fibras rastreras me rozan las espinillas y vuelvo a sentir los rayos del sol contra mi cuerpo... es fascinante que ese calor llegué atravesando el cosmos, a mas de 135.500.000 kilómetros de distancia y que podamos sentirlo como cuando acercamos la mano una hoguera, que huyamos de él en él estio y que lo busquemos en los meses de invierno..., seguimos caminando, dando la vuelta de los miércoles por la tarde, atravesando el ultimo bosquecillo de pinos y de pasto reseco...

... y regresando al chalé..., Norton y Mia no se lo piensan y de la misma forma que hace casi una hora salían de aquí como toros desencajonados, ahora son los primeros en esperar en la puerta para lanzarse a la carrera hacia la piscina..., les encanta meterse hasta la barriga para beber, realmente son los únicos que usan la piscina, aunque las golondrinas también hacen sus vuelos rasantes sobre la lamina de agua, las alegres “lavanderas” corretean a veces por los escalones llevándose los insectos ahogados, los gorriones acuden a darse algún baño y Norton persigue a las libélulas, les gruñe, les ladra mientras la golondrina desciende y planea a pocos centímetros del agua, bebe un par de veces, unes leves círculos se forman cada vez que su pequeño pico toca el liquido y vuelve a remontar por encima de las finas copas de las tuyas, se pierde en ese cielo deslumbrante y Ojos de Miel me mira esperando que abra el bote de comida húmeda.





























domingo, 7 de junio de 2009

UNA LLAMADA DE SOCORRO, UN INTENTO DE AYUDA.



Ultimamente los tapiceros y los conocidos me preguntan.
- ¿Cómo llevas la crisis...?.
- Pues con la facturación por la mitad y amarrado al timón -suelo responderles.
Y muy a menudo algúno de esos clientes aparece por la carpintería con la expresión del desanimo apagando sus rasgos, velando el brillo de sus pupilas, debilitando sus voces...
- ¿Cómo estas de faena, Pedrito...? -me pregunta Mundo, un tapicero de 64 años, de la vieja escuela, de los que saben tapizar utilizando crin de caballo..., para dar forma a los perfiles de los sofás, de los sillones, un oficial de los que aún saben dar “de punto” a la primera línea de muelles de una tapicería de las llamadas “elásticas”. Uno de aquellos aprendices que entraron en las tapicerías emblemáticas de Valencia, a los trece o catorce años, que aprendieron a la sombra de oficiales, muchas veces poco capacitados para enseñar, recibiendo algún que otro “carxot” como se dice en valenciano a un cachete dado en la cabeza, que barrieron centenares de veces aquellos talleres y que al cabo de los años, vieron como sus jefes se jubilaban o quebraban.
- No tenemos nada de faena, Pedrito, estamos a cero -murmura Mundo, sin esperar mi respuesta, como avergonzado- te quería decir a ver si podías llamar a alguno de los tapiceros que conoces..., a ver si les interesa que les echemos una mano.
Cabeceo y durante unos segundos le observo.
- Están todos igual, con muy poco trabajo, Mundo..., pero no te preocupes, haré las llamadas que pueda.
- Gracias Pedrito, te lo agradezco mucho..., bueno y eso, ¿cómo vas de faena...?.
Mundo mira hacia los enormes esqueletos de sofás que monto para Jaime Fabra, de más de 2.50 de largo y de modelajes complicados.
- Hombre..., todo eso que ves me lo pide Jaime..., te diría que él me esta dando de comer..., del resto de tapiceros casi nada.
- ¿Y esta butaquita...? esta bien “tocada...”.
- Ah..., pues mira, copiándola para otro cliente.
- Bueno Pedro..., no te molesto mas..., por favor, acuérdate de lo que te he dicho.
- Me olvido de muchas cosas, pero de eso no.
Mundo sonríe y le acompaño hasta la puerta, vuelvo a quedarme solo y echo una mirada a la butaquita que me ha traído Gonzalo Álvarez, un tapicero mas joven que Mundo. Gonzalo tiene unos 53, nos conocemos desde hace unos 12 años y hace unas semanas me trajo esa butaquita de dormitorio. Antes llamó por telefono y a mitad de conversación rompió a llorar, se derrumbó y me confesó que estaba pasando un mal momento, sin casi trabajo, desbordado por los pagos, imagino que también algo tocado por su divorcio, “enganchado” por el ERE de otra firma de prestigio en el mundo de la decoración, “Vidal Grau”.., y a punto de cerrar la tapicería, sumido en una depresión que le impedía mantener nuestra charla en un tono normal..., creo que al final le hice reír soltándole andanadas de paridas y chorradas.., que se me dan bien, eso de hacer el payaso cuando veo a una persona hundida, mientras trato de alargar el brazo pero sin desatarme del timón.
A los pocos días nos vimos, encendió un cigarrillo y hablando con él entre los labios me explicó los detalles de la pieza.
- Vale, vale, Gonza..., que ya se lo que tengo que hacer.
Sonrió, soltó un par de toses y arqueó las cejas.
- ¿Quieres que te destapice algo más para que puedas ver mejor el esqueleto...?.
- Que no, coño..., hablemos de ti.
- No, que me haces reír y no me quiero reír.
Pero hablamos y cuando se subió a su furgoneta me echó una última mirada.
- Que humor tienes.
Gonzalo esbozó una sonrisa y observé bastantes canas entré sus cabellos rizados, algunas arrugas mas en su rostro y una sonrisa que me hizo sentir bien. Después arranco y se marchó.

La butaquita de Gonzalo y junto a ella la replica a mitad
de terminar, faltan los reposabrazos.

Entré en mi taller y durante unos instantes me quedé parado en medio de los esqueletos, apoyado contra la mesa de montar y pensando en lo que podría estar sintiendo Gonzalo o el mismo Mundo. Gente acostumbrada a trabajar bien, con mimo, con conocimiento, con gusto, con dedicación con honestidad, con oficio..., y que estaban viendo, como esta ultima crisis les estaba estrangulando. Imagino que sintiéndose doloridos y ofendidos, incomprendidos, confundidos. Viendo como en los tiempos que corren no se reconoce nada, tiempos en los que no parecen premiar a quien trabaja bien, unos tiempos sin piedad y sin principios, sin aprecio por los valores humanos ni profesionales..., tiempos crudos y difíciles para esos últimos artesanos que ven como su trabajo queda en el descrédito, en el olvido. Tiempos en los que los valores que ellos apreciaron y entre los que aprendieron sus oficios ya no sirven de nada.

Y hace unos días me visitó otro tapicero, Mariano, estuvimos charlando un rato, a él también le habían “enganchado” y ahora trataba de levantar cabeza, pero me confesaba que andana abrumado por la cantidad de avisos que tenia y los pocos que podía atender..., en ese momento me acordé de Gonzalo..., también había pensado en Mundo, pero preferí decidirme por Gonzalo, Mundo ya se estaba asomando a la jubilación.

Casualmente aparecen estos silloncitos en minuatura, los regalaba
la firma "Mariano Garcia" a los buenos clientes, Mundo trabajo de oficial
en la empresa. Los de la foto son replicas hechas por mi del modelo que
otro cliente, Jorge Jurado me ha traido. En la foto de arriba se ve la muestra
junto a un sillón Modelo Ascot de tamaño normal y con patas torneadas
a mano por mi mismo y preparadas para rematar con una contera me-
tálica con rueda.

- Conozco a un tapicero exquisito, serio y honesto, te podría echar una mano.

- No, no... -replicó Mariano- que he tenido muy malas experiencias dando trabajo a otros tapiceros, casi siempre he quedado mal y he tenido que rehacer los trabajos.

- Te lo digo, con Gonzalo no te pasará eso..., lo único que puede pasar en que no lleguéis a un acuerdo con los precios, él no hace chapuzas baratas.
Pero Mariano volvió a negar con la cabeza, hablamos entonces del encargo que me quería hacer, le di el presupuesto en ese mismo momento y volví a quedarme a solo, con cierta tristeza. Volví a pensar en Gonzalo, en como lo debía de estar pasando. Recuerdo que cuando apareció por la carpintería tuvo algunos roces con mi padre, Gonzalo tenía más clase que la mayoría de nuestros clientes y era exigente con los encargos, se había formado en Francia, en buenas tapicerías y nos exigía esa misma calidad. Poco a poco nos fuimos entendiendo y fuimos trabajando. Por entonces, él tenia dos oficiales y un buen cliente, pero también sufrió el zarpazo de los impagos, el bajón de los pedidos, prácticamente dejamos de trabajar con él y en estos últimos años ya se quedó solo, llegó después el divorcio, el infarto cerebral de su padre, igual que el mío, la crisis, la depresión...
Pero a la hora de comer sonó mi móvil, contesté, era Mariano, me dijo que se lo había pensado mejor y que “si”, que probaría con Gonzalo, a ver si llegaban a un entendimiento y podían trabajar juntos.
- Claro que si Mariano, claro que si -le contesté entusiasmado y unas horas después llamaba a Gonzalo y le dejaba el mensaje en su contestador. Al día siguiente me llamó y habló con un tono de voz aún más sombrío y entrecortado.
- Gracias, Pedro por la ayuda, pero es que ahora no puedo.
- Coño, ¿no me digas que te ha entrado faena a tope...?
- No, no..., es que..., creo que me van a dar una invalidez...
- Ah... ¿no me digas que tienes algo de hernia discal...?.
- No, no..., es que..., Pedro, tengo cáncer de pulmón..., hace algunos días me salía algo de sangre cuando escupía, fui al medico, me hicieron las pruebas y el oncólogo me ha dicho que tengo un tumor en el bronquio..., y eso supone extirpar el pulmón entero.
- Ah..., joder Gonzalo..., ahora si que me has dejado sin argumentos.
- Bueno..., esto es una putada... pero por otra parte es un alivio, tengo un buen seguro médico y con la posible paga..., pues ya no me tendría que preocupar..., por lo menos de poder llegar a fin de mes..., aunque te cambia la vida, ya estas tocado y desde luego se acabó el tocar el clarinete o cualquier esfuerzo..., ahora estoy cerrando algunas cuestiones y después pues eso, a hacer los tramites para darme de baja y cerrar la tapicería..., no se, si quieres llamo yo a ese tapicero y..., no se
Aquello me sonó a despedida, a dejarlo todo atado y bien atado para que los que se quedaran no tuvieran ningún problema tras su marcha..., le dije que yo llamaría a Mariano, que no se preocupara..., pero volví a quedarme en silencio, en mitad de la carpintería, con el inalámbrico en la mano, sentado en la silla que tengo fuera del despachito para descansar unos minutos de vez en vez..., con la mirada perdida y pensando en Gonzalo, no se, era como el final de una especie de conspiración del destino contra él, la vida le daba la ultima bofetada, después de presionarle durante estos últimos años hasta derrotarle y condenarle a lo peor que le puede ocurrir a un organismo, a privarle del oxigeno.
Estuve un rato ahí, sin moverme, sin trabajar, pensando y sintiendo miedo ante la fragilidad de nuestras vidas, de los momentos que nos quedan por vivir..., en cualquier momento puede llegar ese diagnostico, esa dolencia, ese malestar..., pero normalmente despertamos, desayunamos, vivimos el día y terminamos en la cama, durmiendo, volviendo a despertar, volviendo a desayunar, volviendo al trabajo, a encarar el día con sus problemas y con sus buenas noticias, a escuchar palabras de agradecimiento o duras críticas ante nuestras actitudes..., pero seguimos viviendo, despertando, desayunando y volviendo al trabajo..., hasta que llega el diagnostico o esa dolencia y entonces todo se derrumba ante nuestros ojos, la angustia, el terror y el miedo nos asfixia y no podemos creer que estemos ante la recta final... como Gonzalo.
El viernes sonó el telefono de la carpintería, cojí el inalámbrico y reconocí la voz de Gonzalo, su voz sonaba nítida y limpia, con empuje y timbre..., como los sones de su clarinete.
- Hola..., Pedro...
- Gonzalo... que bien te oigo.
- ¿No habrás llamado a tu amigo el tapicero...?
- La verdad es que no he tenido ánimos.
- Pues no le llames..., tengo buenas noticias, hoy me ha recibido el cirujano y me ha devuelto la vida..., no se, estoy alegre y cabreado al mismo tiempo, ayer estaba muerto y condenado..., y hoy me dice el cirujano que si, que es cáncer, pero que puede cortar el bronquio y volver a empalmarlo, que puede extirpar y parchear..., conservando el pulmón y haciendo vida normal..., si no hay complicaciones al operar o si no ven algo malo cuando abran..., entonces, de momento, pues trabajaré..., ah y podré seguir tocando el clarinete.
Sonreí alegre y aliviado, le escuché sin apenas interrumpirle y volví a quedarme sentado, con el telefono en la mano, escuchando los trinos de los vencejos que llegaban atravesando los lucernarios del taller, sonriendo, mas tranquilo y esperando haber aprendido algo.