Ala Quebrada...., un vencejo que casi se arrancó el ala contra el cable anclado muy cerca de la junta de dilatación donde dcidió anidar, desde entonces,día tras día lo esquiva para poder alimentar a su polluelo.

martes, 14 de febrero de 2012

EL PRADO DE LA ESPERANZA.

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A Jesús, esta fotografía le pareció casi irreal y me imagino que sonrió ante la imagen, ante ese prado verde, colorista, inundado de verdes vivos, por ese color que llaman de la esperanza. Imagino que sonrió al descubrir tras esas entusiastas y vivaces flores amarillas, los perfiles de esa Sierra Calderona en la que mi amigo y yo nos perdemos a pedaladas

Hoy he salido a pedalear y he vuelto a pasar por ese prado de tréboles , después de cruzar por uno de los vados del barranco de Carraixet. He girado la cabeza buscando ese tapiz de verdes y amarillos y me he encontrado con la huella de un invierno que no ha tenido compasión, hace una semana encontré esas florecillas cerradas sobre si mismas, cobijándose del frío pero esta vez el prado yacía marchito, abatido, derrotado.

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Debió ocurrir durante la noche, en ese momento en el que el viento se calma, en ese momento en el que el sol se cobija llevándose consigo el calor y casi la vida. En ese momento, la humedad del ambiente se posó en los tallos, en las ramitas y en las flores. Poco a poco, esas gotitas de agua se fueron tornando en estrellas plateadas que crecían como diminutos filos metálicos que iban cortando y perforando a las matas ya rendidas y heridas por la helada. Debió amanecer cubierto .de escarcha, en silencio, inmóvil, rígido pese al viento que llegaba desde los glaciares europeos.

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He bajado de la Flaca y he observado el prado yermo, he caminado sobre él y he llegado a tumbarme sin ser consciente de que mi ropa de ciclista era amarilla, de un amarillo tan vivo como el de esas florecillas vivas y llenas de luz que habían sobrevivido a la glaciación.

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Pese a todo, la vida se abría camino, ¿eh Antonia?, y yo sonreía, mientras descubría algunas matas mas bajo las ramas de los naranjos y después, pedaleando ya de vuelta a Valencia, otros prados mas floridos, mas a salvo de ese aliento gélido que todos los años regresa, justo durante esos días cortos y de largas noches, hasta que casi sin darnos cuenta, igual que llega, se va alejando, como todos los años.

sábado, 11 de febrero de 2012

A SOLAS CON DUNA, MI VIRAGO 535.




Pese al frío, Duna ha arrancado a la primera, eso si, ella siempre duerme en la carpintería, a cubierto y tapadita con su lona.


Ha tardado poco en calentar, en sonar redonda y en formar bocanadas de vaho por sus pulmones cromados. He bajado la visera del jet Vintage y he rodado por mi calle como siempre, sin prisas y esquivando la cicatriz que dejó en el viejo asfalto la ultima falla que se quemó aquí, entre las fachadas, en mitad de la calle, hace mas de veinte años.

He rodado hacia el centro de la ciudad, a visitar a unos clientes, relajado sobre ella y viendo como algunos conductores observaban a Duna cuando nos parábamos en los semáforos. Muchos de ellos encogidos y frotándose las manos, con la calefacción puesta y sintiéndose a salvo.

Rodaba a gusto y con la ilusión de hacer fotos a las tapicerías de mis clientes, a sus trabajos, a algunos sofás hechos por mi y tapizados por ellos. Y todo iba bien hasta que en la última visita me he encontrado con algo que me ha provocado cierta desazón y tristeza. Pero he suspirado, me he relajado y he terminado lo que había ido a hacer. He fotografiado dos sillones, uno de acero cromado y otro de madera moldurada, dos conceptos distintos, diseño industrial contra el clasicismo, metalurgia contra ebanistería.

De vuelta a casa he pilotado a Duna con mimo, con soltura, con suavidad, como si fuese un ser vivo que agradeciese la ternura y el trato delicado. Como si fuese ese corcel, ese caballo capaz de sentir las caricias y los susurros, la voz y el sentimiento de su dueño, del jinete, de la amazona. Como el galgo sumiso y tímido que mira al galguero esperando tan solo una mirada de aprecio.

Sobre Duna me he ido relajando, sintiendo la vida de otra forma, envuelta en su sonido, en sus vibraciones, sintiendo el frío, la atmosfera, el ambiente. Poco a poco se me ha ido olvidando esa desazón que me ha invadido al descubrir que las personas suelen faltar a su palabra con demasiada facilidad.


He rodado sobre ella, he trazado los giros que antes me atormentaban y he acelerado hacia mi barrio mas relajado, a solas con Duna, sobre la máquina a la que nunca nos cansamos de insuflar vida y personalidad en una fantasía sin fin que nos hace sonreír y olvidar, al menos durante el tiempo que el v-twin suena empujando o relajado al relentí.

sábado, 4 de febrero de 2012

Hielo, viento, invierno.





El dormitorio aquí en las llamadas Tierras Altas da al norte, es una habitación fresca en verano y gélida en invierno, incluso el cortante vendaval de esta noche penetraba por el registro de la persiana y aullaba por encima de las mantas que me cubrían.
Como siempre, pensé en los gorriones que todas las noches se guarecen ente las ramas de la buganvilla, entre las más altas, entre las que tocan el alero del tejado. Ahí ahuecan sus alas, cierran sus ojos y soportan el frío, el viento, la noche.

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Ha amanecido un día luminoso, pero seco, sin rocío helado, sin escarcha pero si con los hielos petrificando los charcos. Los mismos charcos en los que suele abrevar la manada y en los que el agua de las lluvias se suele quedar durante varios días, hasta que poco a poco se va evaporando, hasta que lentamente la tierra va bebiendo de ella.
Observaba los charcos, las líneas que formaban las distintas capas congeladas y creía estar viendo los polos, el Ártico o la Antártida, creía estar viendo la tundra o la taiga, creía estar viendo la Vida detenida en medio de esos climas extremos, en medio de esas largas noches, casi interminables o entre esos días en los que el sol nunca llega a ponerse.
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Pingüinos, focas, osos polares, zorros árticos…, vida entre los hielos, entre los icebergs, azules y blancos, crujidos y viento, la algarabía de las aves acuáticas y de esos mismos pingüinos apiñados, apretujados, turnándose para aliviar a los compañeros en su exposición a los cuchillos, el mugido de los leones marinos. Sonidos alejados de homo, sin palabras, sonidos de la Naturaleza, de la esencia de la vida cruda, fría, dura, sin concesiones.

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Hoy parece que ese clima ha escapado de los polos y se ha asomado a la Vieja Europa, como hace unos 10.000 años, cuando la ultima glaciación arrasó el continente. Parece que se ha asomado para recordarnos que somos…, simplemente un ser vivo mas capaz de reír y de disfrutar con la nieve y de morir congelado mas rápidamente que esos gorriones que invierno tras invierno se guarecen entre las ramas de la buganvilla.

domingo, 29 de enero de 2012

LAS GAVIOTAS YA NO PESCAN.



Desde hace unos años, las gaviotas ya no pescan, ya no forman esa ruidosas nubes que seguían a los pesqueros de bajura cuando regresaban de faenar y los marineros iban seleccionando la pesca y arojando al mar la morralla. Para ellas era fácil dejarse caer y recuperar esos pececillos..., parece que aquellos pesqueros han desaparecido y con ellos las gaviotas. En algún momento algunas de ellas debió seguir a algun camion de basuras hasta descubrir los inmensos vertederos de tierra a dentro, unos años despues cientos de gaviotas migran hacia los vertederos a primera hora de la mañana.
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Salen desde los astilleros en pequeñas formaciones que a veces vuelan en V y otras en bandos dispersos, sobrevuelan la ciudad lanzando sus graznidos, esas voces que soliamos asociar al murmullo de las olas, al olor del salitre, a la vision del mar.
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Terminan comiendo de los vertidos, escarbando entre las basuras y al medio día regresan al Parque de Cabecera, se refrescas entre sus aguas y a veces depredan sobre los polluelos de las aves acuáticas que nidifican entre las espadañas
. También las he visto acosando en vuelo a esas mismas cercetas, perseguirlas hasta separarlas del bando.
Es la influencia de homo, la intromision de homo en todos los nichos ecológicos del planeta, es la huella que erosiona y distorsiona, que contamina y que expolia para su propio consumo y sin mirar atrás. Sin importarle el erial que deja a su paso.
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Un contraluz en el que se guarece un mirlo que espera a esos
primeros rayos del sol, que lentamente descenderán desde los
edificios hasta esas praderas empapadas por el rocio, por la
humedad que el viejo cauce sigue rezumando desde sus pro-
funbdidades.


El sol del amanecer incide en los edificios mas altos, mientras tanto,
el viejo cauce del rio Turia, permanece a la sombra. Me recuerda a la
vision de la Sierra Calderona cuando amanece, sus hondos permacen
en penumbra mientras sus cumbres se iluminan llenandose de vida.

miércoles, 18 de enero de 2012

A JOSEP JULIAN.

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Hace unas semanas, mi amiga Maria me dio una mala noticia, Josep Julian, el creado del blog "La inteligencia de las emociones", fallecia.
La verdad es que me afectó, me costó creerlo y me supo mal el no haber roto la virtualidad y haberlo conocido personalmente, tampoco estaba tan lejos, desde Barcelona escribia en su blog, contestaba a todos los comentarios y siempre parecia sonreir.
Recuerdo que en una ocasión le comenté que la foto que tenía en el perfil no reflejaba lo que trsmitian sus post, sus cuentos, sus reflexiones. Le comenté que me gustaba mucho otra que tenía sonriendo, despeinado y bañado por el sol, lleno de energia. Josep la cambió y es la que se puede ver aquí, en la "seccion de seguidores".
Voy a publicar un texto que debiamos haber subido a la vez los que le seguiamos, pero me despisté y no lo hice en su momento.

Llegamos emocionados por el universo que deberemos explorar.
Marchamos emocionados ante lo que nos queda por descubrir.
Entre medio, la vida y aquellos que nos ayudan a sentirla intensamente…
Josep Julián fue nuestro Maestro de las Emociones y emocionados le recordaremos desde nuestra Nube Emocional.
Hoy te pedimos compartir tus emociones en nuestros blogs como el mejor de los homenajes que podemos brindar al hombre bueno que fue Josep.

domingo, 15 de enero de 2012

LAS PRIMERAS ESCARCHAS en "Diario de Homo"


Atardecía y la piña surgió muda, gris, callada, abierta..., habiando parido ya sus pequeños piñones alados. Surgió envuelta entre las ramitas sin verdes, sin agujas, desnudas, finas y retorcidas..., era un pino apagado que tan solo reverdecia cerca de la copa.
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Recuerdo que terminé el capitulo 13 de "El verano de los perros flacos" entre lagrimas, gimoteando pero satisfecho. Norton y Mia ya dormian ajenos a la musica, puesta muy bajita, ajenos a mis lagrimas emocionadas y terminé enterrado bajo dos mantas, como un galgo encamado a la intenperie y deseando que amaneciese despejado.

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El sueño se cumplió y la amanecida me regaló las primeras escarchas sobre la tierra escarbada por un conejo buscando algunas tiernas raicillas, pero era solo el principio de un amanecer hermoso y radiante, casi de un renacer tras la noche, tras el frio.

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. Norton y Mia, charlando entre ellos, "este rastro es de ahora, que
no, que es de ayer, era de un conejo, no, no..., de un erizo y esos
pican al morder...."
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Mia trotando al amanecer, olfateando, rastreando, riendo, gozando
soltando penachos de vaho, viviendo su universo de olores y matices.

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viernes, 13 de enero de 2012

DUNA DE NOCHE.


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El jueves pasado salí de la cueva y quedé para cenar unos bocatas con unas nuevas amigas y amigos. Me sentí algo extraño dejando pasar los minutos en casa hasta que decidí vestirme para la ocasión, para montar sobre Duna, pese al frío.

Me puse los botines y me sentí a gusto sintiendo las cañas afianzadas contra mis tobillos, después la chupa de piel, los guantes, el contacto y Duna arrancando a las puertas de la carpintería y bajo la luz acervezada de las farolas, una luz entre dorada o amarillenta, de un tono tan parecido a la piel de ella que parecía camuflarse en medio de esa luminiscencia artificial.

Rodamos entre carriles despejados, ante luces verdes que nos incitaban a galopar, ante luces de un ámbar que advertía, como un cercado, como una linde que Duna saltaba rugiendo desde su doble escape cromado y serpenteante, apurando la luz y casi viendo por el rabillo del ojo y a través de la visera., como se encendía el rojo.

Y parando ante las luces rojas, parando en la Plaza de Canovas…, y recordando aquellas noches de los viernes y los sábados, aquel ron Negrita sumergido en tubos de Coca-cola, los escotes de las camareras que siempre sonreían, las fantasías y después la vuelta caminando, recorriendo el Puente de Aragón, apretando los brazos contra los costados y con los ojos enturbiados por el frío y el alcohol, con la música resonando en mis oídos hasta aquel ruido me hizo mirar hacia los carriles del puente.

Creo que era una Virago 535, una de aquellas chopper de moda y rodaba majestuosa, sin prisas, de un color arenisca que jugaba entre cromados y ocres sagrados, dos galgos parecían tirar de ella desde el depósito de gasolina. Recuerdo que el piloto también vestía de marrón, con colores que recordaban a la tierra y con unas letras en la espalda, imagino que con su Nick, que decía algo como Bicipalo.

Recuerdo que trazó la rotonda hacia la Avenida de Aragón y que se perdió entre las luces de la ciudad.


sábado, 7 de enero de 2012

LA LIEBRE TRANQUILA en "Diario de Homo".

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El sábado por la tarde, después de ver “Cartas de Sorolla”, me desmoroné y sentí deseos de llorar, de gritar.

En los últimos minutos de la película se mostraban las secuelas el infarto cerebral que dejaron al pintor valenciano en una silla de ruedas, con un brazo inerte, muerto y dependiendo de Paco, su yerno, al que llamaba continuamente…, igual que lo hacia mi padre conmigo. Me llamaba para que lo apartase del publico, de la gente, de sus amigos…, igual que hace Sorolla cuando visita a sus alumnos y es incapaz de corregir un apunte. Llama a Paco insistentemente y le pide que le lleve a casa.

Subí a las Tierras Altas, a las estribaciones de la Sierra Calderona, conduciendo abstraído y deseando gritar, deseando llorar desde dentro…, surgió una frase obsesiva, “hay que desprenderse de lo vulgar…”, quizás impresionado por el esfuerzo inhumano que realizó Sorolla para satisfacer el encargo de mecenas americano que le encargó el retrato de toda la península ibérica, quizás impresionado por su tenacidad, por sus convicciones, por su sacrificio fiel a su principio de pintar en vivo, sobre el terreno, en campo abierto, bajo el sol y el viento, aterido de frío o desesperado ante la lluvia.

En una de las secuencias, Sorolla camina junto al Rey, charlan y buscan un lugar en el jardín para realizar su retrato, mientras que en un segundo plano, uno de los sirvientes les sigue flanqueado por dos hermosos galgos.

Sorolla le confiesa a Clotilde, su mujer, que de todas las regiones de España, la que mas le impresionó fue Castilla.

No pude evitar pensar en “El verano de los perros flacos” y en mis momentos de titubeos, de fatiga, de desanimo…, pero recordé esa actitud de Sorolla, ese esfuerzo en terminar su obra, dando las ultimas pinceladas a las almadrabas, retratando esos enormes atunes en Ayamonte y me fui animando.

En las Tierras Altas me esperaban Mía y Norton, me recibieron entre saltos, entre idas y venidas al galope, entre lametones y salimos a dar el paseo, ya anocheciendo. De vuelta me sentí mejor, les preparé la cena, sintonicé una emisora de música y empecé a escribir. Mi mente voló a esa meseta imaginaria y escribí motivado, mejor anímicamente y sintiendo a esos dos chiquillos, a Paúl y a Alberto, mas vivos que nunca.

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Amanecimos los tres relajados y percibiendo un día luminoso y encalmado. Después del café salimos a dar la vuelta y me sorprendió que Mía no tirase de la correa, incluso se cambió de lado, de mi derecha a la izquierda y caminó pegada a Norton, relajada, sin tirar. Incluso cuando los solté trotaron tranquilos y sin prisas, sin ansiedad.

Me sentía bien en medio de ese frío de los primeros minutos del amanecer, andando los mismos caminos, las mismas sendas, contemplando los mismos pinos, las mismas montañas.

Paseaba satisfecho de lo que había escrito la noche anterior, ensimismado hasta que escuché el típico ladrido de Mía cuando descubre alguna ardilla. Un ladrido corto y como quejoso, después el ruido de sus uñas trepando por el tronco de los pinos y de nuevo sus gañidos.

Les esperaba y de la linde del bosque vi salir a Mía, corría hacia mi pero con un aspecto distinto, sus orejas habían crecido hasta un palmo de altura y estaban rematadas de negro…, era una liebre….¡¡¡¡, una rabona que trotó hacia mi y que giró tranquilamente por un camino, relajada, segura de si misma, sin alterarse.

Al rato Norton y Mía reaparecían de sus correrías y yo sonreía, no les dije nada de la liebre y ellos no la olfateraron.

Últimamente está pasando algo entre ellos y yo, quizás porque no dejo de pensar en los galgos de la novela, quizás porque mi subconsciente está lleno de lebreles que desean que les libere de la traílla de mis miedos y complejos… y Mía y Norton lo perciben.

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. Norton reposando en el sofá y en la foto de abajo, ocupando

mi cama recién hecha....., al final del dia, digamos que la hago

para acostarme enseguida.




domingo, 1 de enero de 2012

UN AMIGO EN LA SIERRA CALDERONA, en "Diario de Homo".

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Han sido muchas pedaladas por las pistas de la Sierra Calderona, la mayoria de ellas en solitario, ensimismado, a mi aire y durante unas rutas inolvidables, junto a Joa.

Pero ultimamente vuelvo a pedalear a solas, hastahasta que hace unas semanas me encontré con un ciclista que mostraba a su hija, las estribaciones de la Sierra Calderona. La pequeña pedaleaba y ese ciclista la esperaba paciente en lo alto de una pequeña rampa, ahí nos encontramos y el desconocido pronunció mi nombre.

Ahora somos amigos..., Jesus describió el encuentro en su blog, realmente lo describimos los dos a la vez, cada uno con su visión, con su sentir.

Os dejo el enlace de su blog, el enlace a ese post que me emocionó.

http://entercerapersonadelsingular.blogspot.com/2011/12/el-truman-de-la-calderona.html


sábado, 31 de diciembre de 2011

EL ESTADO POLICIAL DE RITA BARBERA.

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Rita Barberá ha instaurado un auténtico estado policial en los jardines del viejo cauce del río Turia. Las patrullas motorizadas de la policía local patrullan incesantemente a la caza de las personas como yo, que tienen perros y los llevan sueltos.

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Últimamente me siento como un delincuente, me siento absurdamente acosado y perseguido, me siento mezquinamente vigilado y casi ultrajado, siento mi libertad coartada desde la estupidez de los despachos municipales, desde la imbecilidad y poca verguenza de los mismos políticos que han endeudado esta comunidad, que han gastado ciegamente el dinero que producimos los ciudadanos y que ahora pretenden recuperar machacándonos a multas y a prohibiciones.
Rita Barberá y su poca vergüenza, Rita Barberá y sus paellas gigantes, Rita Barberá y sus Fallas para todos, Rita Barberá y su populismo chabacano e hipócrita ha convertido ese delicioso jardín del viejo cauce del río, en un lugar de prohibiciones, en una especie de patio de cárcel en el que próximamente cobraran por estar al sol invernal.
Las prohibiciones se anuncian en cartelones situados en los accesos al cauce y comparten espacio con otros gigantescos carteles en los que se publicitan las inversiones previstas en las mejoras de las rutas ciclistas.
Es curioso, triste y lamentable que ese proyecto de mejoras de las comunicaciones con bicicleta se halla hecho desde esos mismos despachos desde donde se pactan las prohibiciones y no desde el viejo cauce. Desde los despachos difícilmente se pisa la hierba, difícilmente se ven las verdaderas necesidades del ciudadano, por eso han partido con un carril bici una preciosa pradera en la que los niños correteaban o jugaban a la pelota con sus padres, algo también prohibido, NO SE PUEDE JUGAR A LA PELOTA EN LOS JARDINES DEL VIEJO CAUCE. Curiosamente ese carril bici que parte la pradera pasa pegadito a dos parques de juegos infantiles en el que los niños juegan y ríen, se excitan y se distraen, van de aquí para allá llenos de energía y vitalidad…, quizás por eso mismo han colocado el carril bici pegado al parque de juegos.
Cuando veo esas barbaridades caigo en la cuenta de que nos gobierna una generación de políticos repugnantes, incapaces, necios, usureros, repulsivos, de la peor calaña. Gentuza que gobierna desde los despachos y que en ningún momento baja a la arena y ve la realidad de una sociedad desangrada por su egoísmo sin limites. Tengo claro que estos políticos son unos descastados, calaña de la peor ralea, tipejos y tipejas obsesionados con las comisiones y el lucro, con el enriquecimiento, con las ansias de poder, sin ideales elevados y sinceros. No obstante, mi desánimo aumenta cuando vuelvo los ojos hacia la oposición y veo a unos voceras que no anhelan solucionar problemas o escuchar al pueblo, si no quitarles del poder para ponerse ellos a la voz de.
- ¡¡Ahora nos toca a nosotros...!!
Rita Barberá y sus palmeros ha conseguido convertir estos plácidos jardines en una especie de coto de caza en el que sus policías buscan el dinero de los que paseamos por el y en el que contemplamos, todas las mañanas, como los indigentes despiertan envueltos en el frío y en la humedad de un fantasmagórico río Turia, que aún parece correr entre los altos pretiles que no pudieron contener las aguas de la riada del 57, lastima que esa riada no reapareciese para barrer a esos políticos de sus poltronas, de sus escaños, de nuestra vida, de esta tierra prostituida y exprimida por la imbecilidad y ruindad de quienes dicen gobernar para el pueblo valenciano.
Esos indigentes se lavan en sus fuentes y con paso lento y triste suben desde el viejo cauce a la urbe, a esa ciudad que Rita Barberá ha convertido en la ciudad de los fastos y de los eventos, una ciudad en la que vuelan los Formula 1 y en la que se juega al tenis o se trota a caballo mientras en los polígonos, las empresas se mueren sin atención ni ayudas, en silencio, vendiendo o cerrando sus naves…, mientras Rita ríe y sus concejales aplauden estúpidamente, pero eso si, con los bolsillos llenos.
Paseo a menudo por estos parques, me gusta contemplar el césped, sus umbrias, los chopos, los bosques de algarrobos, me gusta observar a los mirlos y en verano los vuelos rasantes de las golondrinas, el paso lento de las abubillas picoteando entre las hierbas.

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Paseo y siento que estoy pisando la tierra que el río Turia fue depositando durante miles de años, avenida tras avenida, otoño tras otoño. Una tierra fértil y un río de aguas cristalinas en el que se pescaban anguilas o barbos, del que se extraía grava o del que cosechaban las cañas de sus riberas. Tierra llena de vida, de la vida que traía el río…, algo natural y que consiguió aliviarme durante la agonía de mi padre o cuando deambulo tratando de evadirme de la crisis que me ha arruinado…, hasta que aparecen los policía de Rita Barberá…, que realmente no hacen mas que cumplir las ordenes impartidas con esa voz rasgada y desagradable de la alcaldesa.
Los jardines del viejo cauce del Turia son un paraiso surgido sobre la tierra que el rio fué recogiendo y depositando, durante su curso, durante su descenso desde las serranías..., ningún politico, nadie, ningun especulador, nadie que no sienta algo en su interior puede llenar de prohibiciones un lugar fantástico, un islote de naturaleza en medio de una ciudad vendida al hormigón.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

JUEGOS DE SOMBRAS, MARRRÓN SOBRE MARRÓN, SIN CONTRASTE.

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El sol parecía sonreír, se empeñaba en volver a engañar a mis sentidos dejando que su haces de luz me acariciasen ardientes, llenos de calor…, después de viajar por el gélido cosmos y después de atravesar la atmósfera hasta incidir en la piel de homo y en los diminutos cuerpos de las abejas, que zumbaban excitadas. Incluso algunos pajarillos cantaban mientras Norton, Mía, Cecil y Piper ya jadeaban sin dejar de corretear, de rastrear, de olfatear.

La tarde era luminosa, encalmada, tranquila y las sombras de los perros y la mia misma se alargaban, deformes, espigadas…, quizás una forma de arte natural, quizás la primera representación artística de la que fue testigo homo.

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La manada se relaja cuando ve que me visto de ciclista.

La sombra era él, pero de distinta forma, incluso se movía como él al mismo tiempo. Quizás el primer esbozo impresionista, quizás la primera abstracción de la figura humana y animal.

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Como si ese barro, como si esos lodos tiñesen el manto

bardino de Norton.


Puede que el primer juego de contrastes, sobre el verde del pasto, negro sobre la tierra marrón o rojiza, negro sobre las dunas amarillentas, negro sobre el gris de la roca, negro como de tinta negra o como de carboncillo…, y a veces marrón sobre marrón, el pelaje bardino sobre los lodos, sobre el agua embarrada que ellos beben sedientos en una tarde que también ha confundido a la manada, Mía incluso se ha dado una zambullida en la balsa de riego y ha continuado corriendo, deslizando su sombra entre las coscojas, entre las esparteras, entre las jaras.

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Muros de rodeno, un cosmos y juntas perfectas, es una vision

que siempre me hipnotiza.

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Maron sobre marron, como el pelaje de Norton y el chasis de la

Bicipalo, mimetizada con la serranía.

sábado, 24 de diciembre de 2011

DUNA, EL PLACER DE MONTAR EN UNA VIRAGO, en "Run-Run Zing y Duna Virago, diario de mis dos custom"

Este verano despidiendome de un amigo motero
llegado desde Cartagena.
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De color Burdeos, ese granate metalizado tan bonito de algunas Viragos. Recuerdo que la vi a la salida del gimnasio, pues hará muchos años, unos veinte imagino, era de un compañero que se llamaba Maxi. No recuerdo si era una 535, es posible, solo recuerdo que me pareció hermosa y distinta, solo recuerdo que sentí unos enormes celos por ese amigo, sentí que ese amigo era feliz sobre esa moto tan personal.

Duna, mi Virago, no es de ese color, ella es de un marrón casi amarillento, ella es del color de algunos desiertos, del color de las dunas, incluso sus escapes, que serpentean cuando salen de los cilindros podrían recordar a las estrías de las dunas, a esa especie de huella que deja el viento que continuamente empuja las lomas de arena y que las mueve poco a poco, que las llena de marcas, de líneas sinuosas, de trazos ondulados.

Después de un par de semanas sin montar en Duna, deseaba hacerlo, ni siquiera fui a la cena con los Dracs pero hoy le he quitado sus mantas y la he sacado a la calle, como siempre, como ese ritual que repito lentamente, disfrutando de cada gesto y de cada instante.

Deseaba montar en ella y el sol generoso de diciembre me sonreía, asomado por encima de las azoteas de mi calle y esperando a verme ponerla en marcha, a verme rodar.

He girado la llave, se ha encendido el verde y la bomba a repiqueteado, de nuevo insuflando la vida a los carburadores. He cerrado el aire y con delicadeza he girado un poquito el puño del gas, después, mi pulgar ha presionado el botón y el motor de arranque ha girado un par de veces, Duna ha despertado resoplando por sus flautas cromadas y de nuevo he sonreído.

Y me gusta esperar, me gusta sentir que se va calentando, me gusta percibir como varía poco a poco el sonido y como a los pocos minutos mis piernas empiezan a sentir el calor que disipan las aletas del precioso motor en V.

Me gusta saludar a las vecinas, saludarlas en medio del retumbar de Duna y después sentir el clanck de la primera…, el preludio del paseo bajo la sonrisa de un sol que me regalaba mi propia sombra, mis propias imágenes en negro, a veces de perfil y otras por la espalda.

Y he vuelto a sentir el fresco en mis piernas y en mi rostro cuando la velocidad me ha ido bajando el pasamontañas, al rodar unos kilómetros por la pista de Ademuz, para desviarme hacia Burjasot.

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Me he sentido cómodo con las piernas sobre sus mandos avanzados y no he dejado de sonreír, me he sorprendido a mi mismo cambiando de carril y girando el puño del gas sintiendo esa agilidad, ese empuje que puede llegar a emborrachar de gozo y vértigo…, sin dejar de sonreír y sin dejar de sentirme bien, incluso, ya de regreso entre el tráfico algo espeso de Valencia, de una ciudad luminosa entregada a las compras y al frenesí de las navidades.

He vuelto a disfrutar trazando las amplias curvas de los túneles, escuchando ese peculiar canto denso y ronco que componen las paredes cuando el sonido rebota entre ellas y se cruza con las nuevas notas que escapan por los escapes.

Deseaba volver a montar, volver a lucir mi Virago con el color del desierto y con sus galgos en ocre sagrado lanzando sus zancadas ágiles e infinitas sobre los llanos, sobre la meseta, sobre los campos segados, extensos, planos, de horizontes limpios y donde la vista se pierde…, pero he rodado por la ciudad, ante semáforos y pasos de peatones, entre edificios y monumentos, entre sus sombras y ante las miradas de quienes cruzaban sobre los pasos de cebra, en esos momentos Duna giraba en un relentí perfecto, quizás demasiado redondo, demasiado equilibrado…, puede que alejado de esa sinfonía díscola y vacilante de una Harley, puede que menos personal, pero deliciosa y relajante.

jueves, 22 de diciembre de 2011

EL CIELO SOBRE MI CALLE en "Diario de Homo".


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Mi taller, la carpinteria..., es como una cueva, cuando trabajo concentrado me olvido del sol, de la lluvia, del viento..., hasta que me asomo a la calle y descubro que ya ha anochecido o que luce un sol adorable. Ayer, salí de la carpinteria para subir a casa para tomarme un café y descubrí está luz tan especial al tiempo que sentía una temperatura agradable, suave, tan cálida que durante unos instantes mis sentidos volvieron a confundirse.
Levanté los ojos y me encontré con esa luz amarillenta y brillante de las farolas recién prendidas, por encima de ellas, el cielo volvía a llenarse de rosas, de luces, de reflejos de un sol que se ponía después de un día en el que viento habia llenado la atmófera de pequeñas particulas que ahora refulgian hermosas y coloristas. Vi también a algunas gaviotas dispersas, majestuosas y planeando con las ultimas rafagas del norte casi poniente. Regresaban al puerto despues de comer en los vertederos del interior..., no pude evitar recordar que el año pasado las observaba desde la habitacion del hospital, a veces volaban en formaciones en "V", y las veía al amanecer y al anochecer..., era y es el ciclo de las migraciones, a veces muy cortas, simplemente de nuestra casa al trabajo y otras sin vuelta cuando el ciclo termina.
Sonreí y deseé que el ciclo continuase para volver a ver a las guadañas volantes, para amanecer con su griterio nervioso y excitado..., para volver a ver a los vencejos y a la primavera.